jueves, 4 de octubre de 2012

La marca España



Almorzando en un bar –menú de 7 euros, que está la cosa cortita- escucho de fondo las noticias y a un político que no consigo ver porque la tele estaba de espaldas diciendo que las imágenes de las manifestaciones y enfrentamientos del 25-S dañaban “la marca España”. En una mesa de al lado, un tipo se exalta tela y se pone a hablarle al aparato. Tus muertos, dice. Los del político. Levanta el vaso de cerveza antes de dar un trago. “Ustedes, ustedes sí que dañáis. Ustedes”. Y sigue recitando por lo bajo. Acordándose de familias enteras.

Me quedo pensando un poco. Ahora resulta que tenemos que estar todos calladitos para respetar nuestra imagen como país. Esa que, nos dicen, tiene maravillado al mundo entero. Supongo. En honor a la marca, la delegada del Gobierno en Madrid Cristina Cifuentes quiere “modular” el derecho a la manifestación. Y cuando un político dice eso, se refiere a acabar con él. Exterminarlo porque molesta. Luego sale Mayor Oreja diciendo que eso de emitir imágenes de las manifas está mal. Porque oiga, se ve a gente que protesta y peleas con la policía. No deberían dejar que haya teles por allí cerca. La imagen del país, etcétera.

Lo que cabría preguntarse ahora es cuál es la marca España. Qué queda de ella. ¿Son las marcas que dejaron los golpes de las porras en el cuerpo de la gente? ¿La del país europeo con más políticos corruptos y menos dimitidos? ¿O hablamos quizás de un Estado que recibió miles de millones desde Europa y los destinó a obras faraónicas con desviaciones de billetes bajo cuerda? Esos aeropuertos vacíos, esos AVE con expropiaciones millonarias si se trataba de un colega y miserables si era desconocido. Cientos de kilómetros de autopista por donde no pasa nadie literalmente. Esa España a la cual Mitt Romney diagnosticó anoche mismo su problema: “el 42% de su dinero va para los gobernantes”. Y señaló que si nosotros vamos al norte, él saldrá corriendo como un poseso hacia el sur. Sin pensarlo.

¿Hablamos de la marca España en Andalucía, donde ocurrió el increíble milagro de que mil millones de euros se estafasen ellos solos, sin que nadie sepa nada? ¿O de ese oasis socialista contra la crisis que no iba a recortar nada de los servicios públicos? Porque, que yo sepa, quitar 700 euros al año, rebajar un 25% los contratos al personal sanitario -echando las mismas horas- y largar a profesores es hacer recortes. Por no hablar del ‘Palacio de Cristal’ de Valderas que todavía tiene más mugre que la axila de un simio, por no decir el sobaco de un mono.

¿En serio hay todavía una sola persona que crea que fuera, en Europa y en el resto del mundo, nos ven como un país serio? No, señores. Olvídense. Nos ven como un país que se tira a la calle cuando su selección gana la Eurocopa, porque es lo único de lo que puede presumir. Porque el ‘soy español, a qué quieres que te gane’ vale tanto para el deporte como para cualquier tipo de actividad turbia y corrupta donde somos los reyes. La marca España está tan muerta y enterrada que sólo sacar su nombre a pasear da vergüenza ajena. Y la culpa no la tiene la gente de a pie que aguanta estoicamente el chaparrón. A los que encima, quieren hacer creer que vivieron por encima de sus posibilidades cuando los bancos inflaban tasaciones para dar créditos más altos sabiendo que esto iba a ocurrir, además con cláusulas suelo para que las hipotecas suban con el tipo de interés, pero no bajen. Y ahora, mientras se culpa al currela de turno, los que de verdad nos metieron en esta van a salir a flote con nuestro dinero.

Alguien debería advertirle al tipo del bar que no puede ir hablándole así a las teles. Vaya a pasar cerca un alemán, piense que está loco y haga un daño irreparable a nuestra marca. Y entonces tendremos que escuchar a algún político diciendo gilipolleces para ‘salvarla’, en vez de que alguien nos salve a todos de esta casta que insulta a diario el honor del país.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Las miserias del oro negro



Leyendo sobre vertidos de petróleo para mi tesis doctoral me encuentro de cara con un montón de catástrofes ambientales que nunca han salido en grandes medios de comunicación. Y, casualmente, en ninguna de las tres que estoy estudiando a fondo aparece la empresa que ha sido noticia estos días.

No en España, claro. Aquí bastante tenemos con lo que nos cae a diario. Pero como uno está metido en el mundillo petrolero –y ya mismo lleno de fango negro hasta las cejas-, ojea la prensa internacional y se encuentra que el gran emperador del petróleo, la empresa angloholandesa Shell, está siendo muy criticada por no limpiar los vertidos del Delta del Níger.

Al ver esto, algunos dirán que no es para tanto. Otros contestarán que a ellos el Níger les importa un carajo. Habrá quien ni siquiera sepa por dónde cae en el mapa. La cuestión es que los amigos de Shell no limpian un lugar donde cada año se van al agua 42 millones de litros de petróleo. Lo que multiplicado por 50 años nos hace un total de 2.100 millones de litros de chapapote en las aguas nigerianas. Para darse un bañito.

Es el todo vale. La empresa de la concha hace y deshace a su antojo en el país africano con la aprobación del gobierno. Contaminan pozos y destrozan reservas, confinando al hacinamiento a pueblos indígenas mientras las autoridades ponen la mano por debajo de la mesa y miran para otro lado.

Así están los pobres Ogonis, 70.000 aborígenes del Delta que beben agua contaminada con benceno (un agente altamente cancerígeno) hasta 900 veces más de lo permitido. Si mañana mismo dejaran de echar porquería a las marismas del río, los ecosistemas tardarían 30 años en recuperarse, pero a nadie se le ocurre pensar con tanto optimismo. Shell seguirá allí haciendo lo que le venga en gana por más que la ONU le condene a limpiar.

Es más, algunos ogonis “ilustrados”, como el fallecido escritor nigeriano Saro-Wiwa, se opusieron a la destrucción total del Delta. La reacción fue una represión armada del ejército… y de grupos paramilitares pagados por Shell que mataron a 2.000 personas. El propio escritor fue asesinado. 14 años después, y con la empresa defendiendo su inocencia y negando implicaciones, en 2009 la ONU obligó a indemnizar a los descendientes del escritor y al resto del pueblo ogoni con 11,5 millones. Sólo entonces la petrolera reconoció haber financiado grupos armados.

Ya en 2011 la ONU pidió a la empresa un plan de 700 millones de euros para desinfectar todo aquello. No debió surtir mucho efecto esa ‘amenaza’ internacional, porque en diciembre hubo otro vertido que obligó a prohibir la pesca. En lugares donde antes había manglares y la selva llenaban todo de vegetación, hoy el petróleo se ha metido hasta 20 centímetros bajo tierra –imaginen lo que habrá por encima- y las plantas ni siquiera pueden echar raíces. Una maravilla.


Convendría señalar que Shell es la segunda mayor empresa del Mundo, o al menos la segunda que más dinero ganó en 2011. Propiedad, en buena parte, de la familia real holandesa -su nombre completo es Royal Dutch Shell- tuvo un beneficio neto de 580.000 millones de dólares en el pasado año. Estamos hablando casi del presupuesto de España –todavía una de las 10 mayores economías del Mundo, por poco tiempo- para el año que viene.

Es sólo uno de los ejemplos. Quizá el más reciente, pero no el único. Financió conflictos armados en Sudamérica durante el siglo XX de acuerdo con los gobiernos -la guerra del Chaco, por ejemplo, costó más de 100.000 vidas-, ha sido blanco de las iras de todas las organizaciones ecologistas por sus actuaciones turbias en decenas de vertidos.

Por no hablar de las oscuras muertes de indígenas guaraníes en Brasil, donde Shell y Cosan formaron Raízen, una especie de consorcio para producir biocombustibles baratos. Un sector donde el gigante sudamericano está creciendo exponencialmente. Confinando al pueblo indígena guaraní y pagando mercenarios que asesinaban a sus líderes, durante casi dos años el monstruo petrolero campó a sus anchas hasta que las ONGs llevaron su actividad al lado de los guaraníes. Dos años después, Shell disolvió la sociedad y dejó el etanol brasileño "como muestra del compromiso con los pueblos indígenas". Que le pregunten a los chamanes muertos.

Y no es lo que hicieron, sino lo que harán: se han propuesto “trabajar y explorar”, así lo llaman ellos, ni más ni menos que en Alaska. Aún teniendo presente que se trata de un país como EEUU, donde los tejemanejes legales son mucho más limitados, la simple posibilidad de que Shell saque petróleo de allí hace temblar a ecologistas e incluso científicos. Sólo pensar que se pueda originar un vertido en un terreno con esas condiciones de frío –la mancha negra sería prácticamente imparable y podría quedarse después incrustada en el hielo- ya es una catástrofe. Si llegara a producirse estaríamos ante uno de los mayores desastres ambientales de la historia. Que ya es decir.

Estas son sólo algunas de las grandes miserias del oro negro a lo largo del mundo. Un elemento energético destinado a desaparecer y ser sustituido por otros más limpios y eficientes. Pero, mientras los tratados internacionales sigan siendo cúmulos de buenas intenciones y ningún hecho, empresas como Shell –y otras que ya contaremos- tendrán campo libre para hacer lo que les plazca. Aunque cueste miles de vidas.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Excusa barata



Estaría bien saber quién fue el primer ser humano que puso una excusa para algo. En qué momento de la Historia alguien justificó la imposibilidad de conseguir el fin pretendido. No sé, imaginen un tipo del paleolítico dejando declaraciones futboleras. “Cuando la lanza no quiere impactar, no impacta. Pero esto es largo y hay que ir bisonte a bisonte”. O algo por el estilo.

La cuestión es que desde que alguno dijo aquello de cariño, no es lo que parece –aunque casi siempre lo fuera- las excusas forman parte de nuestra rutina diaria. Son un elemento más de la misma vida.

No hay que irse muy lejos. Sólo en Málaga ya tenemos dos claros ejemplos, además bastante ilustrativos. Primero, ese SARE que busca la felicidad de los malagueños. Me imagino a los funcionarios del Ayuntamiento bloqueados al recibir miles de cartas pidiendo que el aparcamiento de La Malagueta pasara a ser de pago. O todavía mejor, ese Twitter oficial del Ayuntamiento de Málaga diciendo que no es lo mismo “suciedad que falta de limpieza”. Rediós.

Ejemplos hay miles. Pero hay uno realmente peligroso y aberrante que se ha puesto de moda, sobre todo en las esferas políticas. Desde hace un par de años, con la peña loca por pillar un curro, para que cualquier iniciativa poco limpia se salte los filtros de la contestación social hay un argumento mágico: “Es que va a dar puestos de trabajo”.

Y ya está todo hecho. ¿Que en Vélez se quiere montar un centro comercial de medianas superficies en un vivero de palmeras, y la finca es de un tío que preside una asociación contraria a la construcción del centro? Pues allí que va el regidor, enérgico, y dice que hay 800 empleos en juego. Para empezar habría que discutirle el número, que con la pasión del discurso disparó un poco alto. Y luego, habría que ver cuál es el tipo de empleo que se crea.

¿Cómo? ¿Que no quieren que se construya en Valdevaqueros? Vaya panda de ignorantes. ¡Si el complejo va a dar 3.000 puestos de trabajo! ¿Cuántos empleos da esa zona de alto valor ecológico que hay allí? La cuestión es protestar. Y así podemos seguir eternamente con los puertos deportivos licitados en zonas dudosas, ese Algarrobico que sigue rompiendo la estética y el entorno del Cabo de Gata como un hachazo en un lugar único, y que allí sigue desde hace casi una década. Intacto, cuando hay una orden de demolición.

Ya no hay noticia en la que no se anuncien los “puestos de trabajo” de tal o cual proyecto. Algún día alguien dejará a un lado el frío número para preguntarse, de una vez, qué tipo de puestos son. Para cuestionarse si todos esos empleos a corto plazo, aquí y ahora, no dejarán dentro de varios años una economía aún más dependiente. Si todas estas multinacionales que vienen aquí aprovechando lo barato que nos vendemos otra vez, dejan algo de esa riqueza que dicen crear o se la llevan de vuelta a sus lugares de origen.

A lo mejor, con mucha suerte, alguien alza la voz para pedir que se incentive la economía propia. La nuestra. La que deja beneficios en el terreno en lugar de crear dependencia de quienes vienen de fuera. Tal vez haya quien diga que, sintiéndolo mucho, señores, la economía basada en el turismo implica que vengan turistas. Y eso a su vez conlleva que si no vienen, estamos jodidos. Pero tranquilos. Seguro que Eurovegas y los nosecuantos parques temáticos que quieren hacer en Cataluña dan muchos puestos de trabajo. No vean lo bien que se lo van a pasar los extranjeros que vengan mientras nosotros nos acercamos un poco más a países tercermundistas. Y cuando se aburran y dejen de venir, va a ser una fiesta del carajo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La pesca, el campo y las Españas Verticales



Las 8:30 de la mañana –ni AM ni hostias- y Cora, mi perra, me dice que oye, pedazo de flojo, venga arriba ya. Que es mi hora de pasear y me la estás quitando. Menos mal que no habla, porque por su actitud impaciente igual me hubiera dedicado ya algún piropo. Total, que con cinco horas dormidas y mirando con pena la almohada, me levanto para cumplir con mi obligación de hermano mayor.

Enfilo el paseo marítimo sin saber si estoy despierto o no –cuando uno conoce los caminos de memoria se abstrae tela- hasta que algo capta mi atención. Allí, al fondo. A la derecha. Como cuando uno busca el servicio. Un grupo de hombres en el rebalaje –la orilla para los de interior- en fila india. Están, como se dice aquí, ‘echando un lance’. Pescando, vamos.

Poco a poco van juntando los dos extremos para cerrar bien el copo y asegurar la captura, y luego se ponen a tirar de la tralla para sacar la red. Por lo pronto que salen los primeros plomos y corchos observo que es un arte pequeño, y me acerco a mirar. Lo cual, por otra parte, la perra me agradece porque le encanta la arena. Sobre todo removerla.

Algunos, observo, son ya mayores. De esos que aprendieron el oficio de la mar cuando todo Torre del Mar vivía del elemento que le da nombre. Tal vez se salió de los barcos en la época en que llegó el progreso y la construcción daba miles de euros mensuales a cualquiera que cogiera un palustre. Pero aquello es ahora un recuerdo. Estamos en crisis, y esto es lo que queda. Otra vez a la mar. Como es temprano, y aunque ya empieza a calentar el sol, van abrigados más contra la humedad del alba que contra el frío. Son de muy distintas edades. Todos empezaron a currar en la pesca hasta que llegaron los tiempos en que España dio con la máquina de lavado de billetes. Incluso hay algunos menores que yo, que ante la falta de trabajo prefiere aprender un oficio que quedarse en casa.

Se agolpan los extranjeros en la playa para ver el espectáculo. Porque lo es. Las voces de los hombres. Tirar de la tralla de forma sincronizada. Tiene mucho de teatral aunque en el fondo sea sólo una forma de ganarse algo de pan. O de pescado, porque al final este tipo de faenas son de subsistencia. En cuanto sale el copo lo abren para ver lo que lleva. Caballas, escucho. Normal. Están tiradas. Desde hace unos años los fondos marinos se han recuperado bastante por esta zona y uno, aunque no es muy dado a las inmersiones, puede verlos sin excesivo esfuerzo.

-         Enga, p’a la caseta der tirón. Y allí lo arranchamo to.

La frase la suelta el más viejo de todos, que ejerce de patrón. La pesca con redes supone un riesgo de multa y requisa si, por cualquier razón, se cuela un 'inmaduro' en la captura. Entre dos jóvenes le quitan el motor al bote que ha ido soltando la red por el fondo y ya está cerca de la orilla. Por si acaso. Y en cuestión de segundos, todas las miradas se dirigen a la caseta de los pescadores –ajena a ello, mi chucha está levantando una polvareda considerable- que hablan entre ellos. Buena pesquera. Sin pasarse, pero para echar el día.

Uno de ellos es conocido mío. Le sostengo la mirada mientras aguanta el copo. Se vuelve y me hace un gesto. Luego sigue con su tarea. Qué quieres que haga, me dice sin hablar y con la mirada llena de dignidad. No estoy dispuesto a pasar hambre.

Pues claro que no, pienso. Y mientras me intento llevar a la perra –que se lo está pasando pipa- voy pensando en las dos Españas. No las del 36, sino las del 2012. Las Españas verticales. Ese país en el que está prohibido que diez pobres pesquen de forma artesanal con redes que se llevan usando aquí miles de años porque “arrasan las praderas marinas”, pero sí se puede licitar un puerto deportivo de 700 atraques firmando la sentencia de muerte de esos mismos ecosistemas. Y para que la gente no proteste se les dice que no se preocupen, señores, que las van a transplantar. Cuando saben, porque lo saben, que esa especie de plancton muere si se pasa de un sitio a otro. Y, sin embargo, el informe de impacto ambiental sale favorable.

Este país en el que uno no puede faenar de forma artesanal –no confundir con la pesca mayor de arrastre que esquilma todo lo que encuentra dejando la tierra baldía, ni de especies en extinción como el atún rojo o en período de cría- pero hay que ir a Marruecos, Mauritania o Guinea para pillar algo, y ojito que no le dé al gobierno de allí por romper unilateralmente los acuerdos porque muchas mujeres, hijas y hermanas tendrán que rezar a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. No se puede pescar porque el medioambiente es importantísimo, pero sí se autorizan exploraciones de petróleo y gas en Alborán porque bueno, a ver, es que la energía también es importante. Y cada cosa en su momento. Que además la crisis está siendo gorda y el petróleo son puestos de trabajo.

Pienso también en aquella fábrica de azúcar de mi pueblo que se dejó morir –en lugar de adaptarla a los tiempos- cuando daba empleo y abastecimiento a medio pueblo porque llegaba El Progreso. Así, con mayúsculas. Y aquí estamos, progresados que te rilas, con toneladas de cemento sobre los antiguos cañaverales, sin trabajo y desesperados porque no sabemos qué hacer con tanto ladrillo. Y además, como hemos perdido la esencia de pueblo moderno a la par que pesquero que nos caracterizaba, los turistas –malditos desagradecidos- se han aburrido y ya no vienen.

Recuerdo, además, a todos esos pueblos campesinos y pescadores desde siempre. A esos ganaderos tirando leche o repartiéndola entre los pobres porque, total, le van a perder todo el dinero. Recuerdo también a los aceituneros de Jaén que este año, por la sequía, van a tener apenas un mes de jornales en vez de los tres de siempre. Y cuidado, no venga Europa y les obligue a arrancar olivos. Pero luego, eso sí, van todos los enchaquetados allí a decir que en Andalucía no se abandonará jamás el sector primario. Nanai. Que el compromiso es firme. Y lo es, hasta que se bajan del atril. Pienso en cómo hemos llegado a esto, y cómo lo que antes era el granero de España se ha convertido en un solar lleno de edificios vacíos que ya nadie quiere, y por eso nos vamos a comer El Progreso con patatas hasta terminar llenos. Saciados. Hartos. Empachados. Nos va a salir el Progreso por las orejas.

Salgo ya de la playa y aún queda suspendido en el aire parte del polvo que ha levantado Cora. No veas la que has liado, socia. Eso le digo. Aunque luego recapacito, la miro mientras pasea ajena a todo y hasta le alabo el gusto. Bueno, no es para tanto, comparado con las zapatiestas que forman otros. Y si a ellos no les pasa nada, tranquila que a ti tampoco.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El valor de ser el segundo



En este mundo competitivo en el que hay que demostrar siempre que uno es el mejor en lo que se propone hacer –aunque muchas veces ni siquiera eso le salve de un ERE- la gente de a pie sólo se acuerda del que gana. De aquel que alza los brazos al final. El primero vence, el segundo pierde y del tercero hacia atrás, participan. Este lema de una marca deportiva –para no hacer publicidad la llamaremos ‘Hike’- resume casi al completo el pensamiento de esta sociedad donde los compañeros de profesión son rivales y los colores de una empresa hay que llevarlos como los de un equipo de fútbol.

Pues precisamente este es el mejor momento para reivindicar el papel de los segundos. Los grandes olvidados. Aquellos que tienen la mala suerte de encontrarse con alguien que los supera. Y, sin embargo, todo el mundo pasa por alto que sin ellos, todo perdería mucho sentido.

¿Qué sería, por ejemplo, de Roger Federer sin Nadal, o ahora Djokovic? ¿Cuántos duelos para la historia nos han dejado estos dos tenistas? Además el español ha vencido muchas más veces al suizo, que sin embargo será recordado como el mejor de la historia dándole a la raqueta. Porque lo es.

¿No sería la Liga española un aburrimiento si no estuviera Cristiano Ronaldo? Arrogante y egoísta, pero siempre ambicioso porque quiere ser el mejor, aunque ha tenido la mala suerte de encontrarse a un Lionel Messi intocable. Pero igualmente, el portugués tiene números de auténtico crack histórico. ¿Es menos meritorio, sólo porque haya uno aún más bestia?

En mi deporte favorito, el ciclismo, esto se trata de otra manera. Obviamente no es lo mismo ganar el Tour que ser segundo. Pero, por ejemplo, ¿no habríamos visto un auténtico coñazo de Vuelta a España si ‘Purito’ Rodríguez o Alejandro Valverde no hubiesen puesto muy cara la victoria de Contador? Porque ya me dirán que el Tour, dominado por Wiggins de principio a fin, fue un espectáculo. Hace medio siglo, dos tipos como Jacques Anquetil y Poulidor dividieron a Francia. Siempre ganaba el bueno de Jacques, pero ambos tenían los mismos seguidores. Y en la carretera, cuando el ciclista va al límite de su nivel de esfuerzo, se aplaude con la misma fuerza ambos. Y también al último.

Saliendo de los deportes nos encontramos cientos de ejemplos. De hecho, si no llega a ser por Héctor, la Ilíada hubiese durado apenas 30 páginas contando como los griegos arrasaban Troya en cuatro días. O Pérez-Reverte no habría escrito Alatriste porque no estaría su enemigo –y no tan buen espadachín como él- Malatesta. Igual que ahora no disfrutaríamos de Quevedo y Góngora, archienemigos y siempre más afamado en vida el primero.

No soporto ver a un padre que cuando el niño no gana le dice "ya ganarás en otra. Unas veces se gana y otras se pierde". En lugar de verlo de ese modo, tal vez el niño valoraría más lo que consigue si se le dijera oye, chaval, que han participado 50 y sólo te ha ganado uno. Te falta un paso más pero es para estar muy contento.

El amargor de ese segundo es el hecho de saber que haga lo que haga, perderá. Pero precisamente ese debe ser también su consuelo, el de haberlo dado todo y entregarse a algo –deporte, arte, letras, lucha- con la tranquilidad de que ya era imposible hacerlo mejor. Así que si alguno de vosotros –o alguien cercano- termina segundo en algo, que lo valore. Atrás se habrán quedado muchos.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Grito de rabia frente a una sierra desangrada

Desde el primer momento en que decidí crearme este blog quise hacerlo con el propósito de que fuera algo donde dar cabida a lo que me pasa por la cabeza. Pero, ante todo, para lanzar a quien quiera leerlo un mensaje de optimismo. Todavía no lo he conseguido, y reconozco que cada vez se me hace más difícil.

Admito que me afectan sobremanera los incendios. No sé por qué. O sí. En mi escala de valores hay dos cosas que me parecen especialmente asquerosas: aquella persona que maltrata a otro individuo (o animal) indefenso por pura diversión, y el que quema los montes. Un patrimonio de todos que unos cuantos imbéciles se creen con derecho a destrozar.

Me terminaba de reponer mentalmente del fuego de mi Axarquía cuando leí la noticia: incendio cerca de Coín. Apenas pensé en ello. Coín, municipio al pie de la sierra y con buenos accesos. Una cosa rápida que quedaría en apenas un conato. Salí, y cuando volví a casa no pude creer lo que leía. 

Recuerdo a la perfección la sensación en el incendio de Canillas. El infierno. A unos 3 kilómetros de allí ya había calor, olía a humo y se irritaban los ojos. Ver desde 60 kilómetros de distancia el resplandor rojizo en el cielo, y la monstruosa nube de ceniza posterior, fue un baño de hielo al corazón.

Pegado a Internet para seguir los boletines que cada 15 minutos daban en 3.40 TV de Mijas (tiene cojones que una radio-tv local tenga que dar lecciones de periodismo a los grandes grupos que tantos golpes se dan en el pecho), viviendo desde lejos el horror de tantas familias.

8.200 hectáreas quemadas. El negro como color predominante en toda una sierra -mención especial al castigadísimo municipio de Ojén-, la muerte de un imprudente que desoyó los consejos de bomberos y Guardia Civil y quiso volver a su casa. Las decenas de animales quemados, incluida fauna salvaje y típica de la zona.

Y llegan las preguntas. Mi Málaga, ¿qué te han hecho? ¿Quién? ¿Por qué? ¿Cuál es exactamente, de 0 a -50, el nivel de esfuerzo en la prevención de incendios? ¿Por qué se recorta en retenes contra el fuego cuando hemos tenido el peor año hidrológico de los últimos 10? ¿Cuándo carajo se aprovechará la primavera para limpiar de una vez los cortafuegos? ¿Qué ocurrirá ahora con toda esa tierra que sigue oliendo a quemado? ¿Habrá sido un imprudente o un hijo de puta? Si es el imprudente, ¿se le dará una palmadita en la espalda, le dirán que no lo haga más y se irá a casa? ¿Y si es el hijo de puta? ¿Pagará alguien el irrecuperable destrozo? ¿Quién indemniza a los que no perdieron su casa, pero sí su sierra? ¿Por qué tenemos que esperar a que pase esto para tomarnos en serio el problema de la conservación de nuestro entorno? ¿Por qué los políticos que fueron al lugar del desastre se fotografiaban a sí mismos en lugar de la desoladora escena que tenían enfrente? ¿Qué Ayuntamiento recibirá a los bomberos y voluntarios que se jugaron el tipo para apagar las llamas? ¿O a esos bastará con decirles que no hay dinero material para pagar su increíble labor, y ya de paso les quitarán el sueldo?

La noche del 30 de agosto de 2012, si antes de fin de año el mundo sigue en su sitio, debería ser recordada por todos los malagueños. Para que no se vuelva a repetir. Debería quedar en nuestra memoria colectiva porque ha sido el peor desastre ecológico de la historia de Málaga. Las vistas ya no serán hermosas. No sólo allí. En Sierra Blanca, Sierra de las Nieves y Juanar, cuando los caminantes alcen la vista, verán la horrenda herida que dejó el fuego. La puñalada por la que Málaga estuvo tres días desangrándose. Estaría bien que todas las administraciones se pusieran de acuerdo por una vez para recuperar, en la medida de lo posible, el patrimonio que devoraron las llamas.

martes, 28 de agosto de 2012

En llamas

Se me vino el mundo encima cuando leí la noticia. Incendio en La Maroma. Para mí, ésa no es una montaña cualquiera. Es La Montaña, con mayúsculas. He andado por ella de pequeño, subo allí cada año a tocar la nieve, a dejarme envolver por la naturaleza y por la tranquilidad que parece ajena a todo este mundo lleno de chusma que antepone unos cuantos papeles con cifras a su propia vida, e incluso supedita a ellos la propia felicidad. Siervos de un dinero cuyo fin inicial era facilitarnos la vida.


Allí no hay nada de eso. Sólo piedras, árboles, animales, agua y paz. Por eso no podía creer que aquel lugar sagrado para mí hubiera sido profanado. Destruido. No pude aguantar metido en casa, esperando a leer en las noticias el estado de mi santuario personal. Cogí el coche y salí hacia arriba.

Describir el gesto que debí componer cuando vi la sierra tapada por una inmensa columna de humo sería imposible. Iba hacia arriba ansioso por llegar, aparcar el coche y meterme sierra adentro... hasta que pensé que podría irme la vida en ello y que entre 100 profesionales sería más un estorbo que una ayuda. Pero llegué hasta un lugar seguro en el que se podían ver bien los estragos de las llamas. Con la extraña sensación de que sólo viéndolo allí, en directo, el fuego comprendería la amenaza, retrocedería y dejaría en paz mi lugar favorito del mundo. Y eso que he visto lugares, por suerte.

Recuerdo que se me escapó un "¡no!" cuando vi la superficie quemada. Negra. Muerta por culpa de esas llamas que seguían devorando sin piedad todo lo que encontraban a su paso. Donde yo estaba había varias personas del lugar que comentaban la situación y jaleaban a los aviones cada vez que lanzaban el agua que casi se evaporaba al llegar a la tierra, entre el viento ardiente y los 44 grados de abajo. Si me paro a pensar lo que sentí en aquel momento sólo recuerdo dolor. Aquello me dolió. Nunca he recibido una puñalada, pero creo que sería parecido.

Tres horas después, con la situación controlada por los bomberos, volví a casa. Leí en la prensa y se confirmó lo que me temía: "las autoridades investigan, pero se baraja la hipótesis de que sea provocado". Pasó de dolor a rabia. ¿Quién se creía el pirómano en cuestión para privarnos a mí y a tantos otros de ese paraíso en miniatura? Y me vino a la cabeza la frase de un malagueño grande como Manuel Alcántara. De esos que, en este país de envidias, recortes y seres unineuronales con poder, se engrandecen a diario a base de ingenio. En una columna contaba la posibilidad de vida fuera de la Tierra, y lo que dirían esos marcianos cuando vieran nuestro planeta: "Mira, aquello es España. La quemaron los españoles".


El peor año de incendios desde 1994. Que no se vuelva a repetir. Cuando empiecen las tareas de repoblación estaré allí para hacer lo que pueda. Ardí de desesperación mientras moría mi rincón secreto y sagrado. Y ahora ardo en deseos de recuperarlo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Un espectáculo deslucido


Lo que se ha vivido en esta semana ciclista en Andalucía tardará unos años en repetirse. Un auténtico espectáculo para los aficionados a este hermoso y a la vez terrible deporte. No sólo por ver a varios de los mejores nombres del pelotón mundial aquí en nuestra tierra. Es que, además, nos encontramos con que todos esos ilustres han venido a competir y dar muestra de su calidad deportiva delante del público andaluz, que ha acompañado como siempre.

Pero vayamos paso a paso. Porque primero fue la Vuelta a Andalucía, que comenzó el domingo 19 y duró hasta el pasado jueves, día 23. En la carrera andaluza han alzado los brazos algunos de los referentes del ciclismo, además de producirse la agradable sorpresa de ver a un andaluz llegar vencedor de una etapa. E incluso un sprint entre andaluces que se disputaron el triunfo.

Patrick Gretsch se alzó con el primer jersey rojo de la prueba en San Fernando. Y, aunque durante más de 180 kilómetros lo tuvo perdido al día siguiente, camino de Benalmádena, finalmente el intento del pelotón por atrapar la escapada del día hizo que el alemán mantuviera el liderato. En la localidad costera vimos la lucha entre Javier Ramírez Abeja (Andalucía) y Luis Ángel Maté (Cofidis), con victoria para el primero, mientras a sus talones se desarrollaba un sprint inútil para el triunfo de etapa en el que Óscar Freire y el gaditano Juanjo Lobato mostraron sus cartas.

Martes, etapa reina. Camino del Santuario de Araceli (Lucena) y con salida en Málaga. Cuatro puertos y un perfil que no tiene mucho que envidiar a algunas etapas de la misma Vuelta a España. E incluso podría aspirar en convertirse en una de cara al año que viene. Pero para eso aún es pronto. La cuestión es que en esas rampas que llegan al 18%, con los 1.500 metros finales al 12-13%, Alejandro Valverde demostró haber vuelto en perfecto estado de conservación. A 1 kilómetro de meta lanzó un bestial ataque que dejó a todos sentados. Ojo a los que llegaron detrás: Denis Menchov (dos vueltas a España y un Giro), Rein Taaramae (top-10 en la Vuelta con sólo 24 añitos) y Franck Schleck (tercero en el último Tour). De lo mejorcito del ciclismo mundial. No muy lejos entraron Jerome Coppel, el campeón olímpico Samuel Sánchez, Dani Moreno o Haimar Zubeldia, entre otros.

Por si lo vivido fuera poco, el miércoles hubo etapa al sprint. Lo que, como viene siendo habitual, significa victoria de Freire, renacido en Katusha y que ya lleva dos este año. El jueves, traca final por tierras de Jaén con llegada en La Guardia y 10 kilómetros finales con un puerto de 3ª, bajada y otro encadenado de dos kilómetros al 9,5% de media. Allí, entre un grupo de favoritos de 20 corredores, Dani Moreno (ganador de varias etapas en la pasada Vuelta a España) se impuso en la meta con permiso de un pletórico Alejandro Valverde, que celebró su primera victoria en una carrera por etapas desde que volviera de su sanción. Tercero en La Guardia fue, otra vez, Samuel Sánchez. Podio de lujo con Valverde, Taaramae y Coppel, presente y futuro del ciclismo europeo y, por tanto, mundial.

Luego, el domingo, Clásica de Almería. Arreglado –al menos de momento- el problema con el equipo Andalucía, los de Antonio Cabello estuvieron en la línea de salida. Y dieron color a la carrera entrando, como siempre, en la fuga. Finalmente hubo sprint en un pelotón reducido que ganó otra fiera de las llegadas masivas: Michael Matthews, con Fran Ventoso en quinto lugar.

Una Vuelta a Andalucía con un trazado genial: una pequeña crono –tal vez falten cinco o seis kilómetros en esa etapa contra el reloj, dos días aptos para llegadas en grupo o fugas y otras dos etapas difíciles de controlar, cortas y con perfil escarpado. Además, un cartel de lujo en el que las figuras han respondido. Y, sin embargo, para alguien que no sea muy aficionado al ciclismo este espectáculo ha quedado silenciado. Pasa de puntillas a final de febrero y absolutamente nadie –salvo los que estuvimos en la carretera- recordará estos días de ciclismo de primerísimo nivel. ¿Por qué?

Sencillo. Por la falta de una televisión valiente que apueste por retransmitir estos dos eventos deportivos. No es suficiente con que la televisión pública, la de todos los andaluces, dé un resumen de 15 minutos. Y mucho menos a las 01:45 de la madrugada. Así es imposible que, con datos en la mano, se puedan argumentar buenos números de audiencias. Y aunque es cierto que no es barato dar una buena cobertura a estos seis días de ciclismo, en una televisión pública el esfuerzo es necesario. Porque con lo que cueste se puede ofrecer la señal por cierta cantidad de dinero y a buen seguro habrá más de un –y de diez- pinchazos. Los nombres que han estado en esta carrera tienen gancho por sí solos, y todo el mundo sabía que, ante la oportunidad, Valverde no se iba a estar quieto.

Estoy convencido de que muchos miles de personas podrían –y querrían- haber disfrutado de ese hachazo del murciano en Araceli, o los intentos de Taaramae por alcanzar a Dani Moreno, y de nuevo la reacción de Valverde en La Guardia. O con la pelea en la parte central de la Clásica de Almería. Pero no podrá ser. Aporta más una telenovela peruana que el deporte de nuestra región, aunque luego sí hubiera allí delegados provinciales para hacerse fotos. Por no hablar de la cobardía e incompetencia de emisoras como Radio Marca, cuyas cabezas pensantes prefirieron cortar la emisión de un programa en directo realizado con cariño, dedicación y mucha calidad –datos, entrevistas en la salida y llegada- por Kiko García y Fran Reyes para dejar a los oyentes –que los había- tirados a falta de 15 kilómetros para la meta de Benalmádena, con un malagueño y un sevillano peleándose la etapa, para poner el típico, manido y soporífero debate de fútbol. Que vale, si todavía se hablara de fútbol lo vería bien, pero no fue más que otra reiterativa comparación entre Mourinho, Guardiola, Cristiano Ronaldo, Messi, Real Madrid y Barcelona. Nada nuevo.

Otro año más, la fiesta del ciclismo andaluz vuelve a quedar deslucida ante la racanería de nuestras televisiones. No pido a las privadas que arriesguen dinero en esta situación, porque sé que no lo harán. Pero sí a la de todos, la pública, que tanto agota con culebrones, Juan y medio, toros y copla. Como elemento de servicio público –así se define en sus estatutos-, ofrecer una retransmisión deportiva de primer nivel como esta durante seis días al año debería ser obligatorio. En fin. Ojalá el año que viene…

viernes, 24 de febrero de 2012

Armarse desde atrás

Si algo quedó claro en el partido de San Mamés, es que el Málaga es un equipo que defensivamente deja mucho que desear. Toulalan, afectado por una gripe que lo tuvo en duda hasta última hora, no jugó a su nivel. Y, claro, el Athletic llegó cuatro veces al área y se coló hasta la cocina.

Empezaremos siendo honestos. El resultado fue injusto. Al menos por el fútbol visto en la primera parte, los de Pellegrini merecieron al menos el premio de irse por delante al descanso. El Ingeniero, creo, planteó muy bien el partido. De hecho, no he visto a ningún otro equipo -salvo los dos grandes, claro- crearle tantos problemas a los de Bielsa en su campo.

Pero en cuanto Amorebieta adelantó a los leones, el Málaga se diluyó otra vez. Como siempre. No hubo plan B. No hubo reacción. En apenas tres minutos, los blanquiazules tenían una losa imposible de levantar. Y menos con la actitud que se demostró en el campo en aquella última media hora.

El problema, como decía, está atrás. En una liga como esta, donde casi todos los equipos de la parte noble tienen pólvora arriba -Negredo y Manu el Sevilla, Llorente el Athletic, Soldado el Valencia y Falcao junto a Adrián el Atlético, por poner ejemplos- el Málaga parte con una desventaja. Y es que Rondón no está fino de cara al gol, y Ruud tampoco anda para muchos trotes. Por tanto, hasta que vuelva Baptista -que a ver cómo llega, porque esa es otra- nos falta mucho gol.

Ante casos como este, es vital no encajar. Armar bien el equipo atrás. Hay jugadores capaces de montar contragolpes como Cazorla, Isco o Recio. El Málaga llega con fluidez a los picos del área rival, pero ahí se apaga. Por tanto, si nos hacemos fuertes en defensa y evitamos la sangría de goles -si vemos los dos primeros tantos del Athletic, es para hincharse de llorar la falta de garra en el área propia- habremos dado un gran paso.

De hecho, el año pasado el Málaga salvó muchos puntos gracias a que, tras llegar Willy y Demichelis, y recuperar Weligton su nivel, se encajaron muchos menos tantos. Con el tiempo creció la confianza y el juego del equipo. El resto lo sabemos todos. Ahora, los jugadores necesitan quitarse esa eterna sensación de que, hagan lo que hagan, tarde o temprano llegará el gol rival que les quitará los puntos. Hay tiempo y Europa está muy cerca. Si el Málaga acaba con la sangría defensiva, los resultados llegarán. Es cuestión de tiempo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Nibali está de vuelta


Apenas diez días de competición le han bastado a Vincenzo Nibali para volver a levantar los brazos en una línea de meta. Y esta victoria tiene su peso, porque en el pasado 2011 el italiano de 27 años no logró sumar ningún triunfo a su ilustre historial. Se habló mucho sobre el rendimiento del ‘Scualo’. Lo cierto es que, mirando sus números, se puede entender que bajó un peldaño –o dos- con respecto a 2010, temporada en la que se hizo con la Vuelta a España –nunca sabremos qué habría pasado de no caerse Antón camino a Peña Cabarga- y rozó también la victoria final en el Giro.

Sin embargo, en 2011 nos encontramos con el Nibali más valiente y decidido. Capaz de jugársela a una carta contra todos, aunque al final siempre acabó perdiendo. Por ejemplo, en la etapa del Giro de Italia que acabó en Zoncolan. O el Giro de Lombardia en el que atacó a 50 kilómetros del final y sólo el terreno llano y el fuerte viento le impidieron llegar victorioso a la línea de meta. Fue, como decíamos, una temporada plagada de buenos puestos en la que sólo le faltó rematar. Tercero en el Giro de Italia –segundo ahora tras la descalificación de Contador-, en el que rozó el triunfo en varias etapas. Quinto en la Tirreno-Adriatico. Top-10 también en la Vuelta a España.

Quizás fue precisamente ahí, en la Vuelta, donde el italiano quedó por debajo de lo que de él se esperaba. Tras los problemas de Igor Antón desde el principio, y con ‘Purito’ Rodríguez flaqueando, Nibali estaba en la mejor posición para alzarse con el segundo triunfo en Madrid. Pero le fallaron las fuerzas y la carrera se le hizo larga a falta de una semana, cuando marchaba tercero y en posición de asaltar el liderato. Asturias y Peña Cabarga fueron demasiado para él, que terminó séptimo en la ronda española.

Ahora, tras hacer borrón y cuenta nueva, regresa a la senda del triunfo. Tampoco es que ganar una etapa en el Tour de Omán sea como para dar por hecha la temporada, pero sí sirve como declaración de intenciones y balón de oxígeno de cara a los verdaderos objetivos del año, empezando cómo no por el Tour de Francia. Esperemos que la mejor versión del italiano esté de vuelta, si es que alguna vez llegó a irse. 

Con 27 años, el de Messina está entrando en la edad de madurez. Los años en los que el ciclista puede dar sus máximas prestaciones. Una Vuelta a España, una etapa en el Giro, un Tour de San Luis y un Giro de Trentino, junto con otras muchas victorias, pueden dar fe de su calidad. Después de un añito en blanco, el tiburón empieza 2012 con ganas. Veremos si lo refrenda en las grandes carreras.

viernes, 17 de febrero de 2012

Envidia de Alemania


Entre España y Alemania hay muchas diferencias. Algunas insalvables, otras cada vez más atenuadas por esto que se llama globalización, y que dicho en cristiano significa que todos nos volvemos clones de los estadounidenses. En fin, ese es otro tema. Lo importante, como decía, es que hay ciertos aspectos en los que no nos vamos a parecer nunca. Y, aunque nos pese –a unos más que a otros- en cultura ciudadana nos llevan como un siglo de ventaja. Las cosas como son.

Porque no me digan a mí que no es bonito ver que un todo un presidente alemán como Christian Wulff presente su dimisión tras verse envuelto en un escándalo de corrupción. Es que se caen dos lagrimones como puños. Que ya es triste, porque sólo el hecho de que un cargo público –al fin y al cabo pagado por el Estado y a su servicio- se demuestre corrupto debería ser para llorar y no precisamente de emoción. Pero this is Spain, amigos. Aquí tenemos el estómago hecho a base de ver cómo todos meten la mano en la saca pública y se piran de rositas.

Así que esto desemboca en una sensación de envidia hacia el 'vecino' alemán. Que tienen peor clima y se ponen rojos cuando vienen a la playa, pero al menos les queda algo de vergüenza. No hace falta ir muy lejos para imaginar cómo habría sido el caso aquí. Político envuelto en caso de corrupción. Lo niega. El partido opuesto, da igual cual sea, pide que se aparte a la criatura en cuestión de su cargo. O incluso elecciones anticipadas, pero no por lo grave del caso, sino porque ven la oportunidad de moverle la silla. El corrupto tira la piedra en dirección a los rivales políticos, a los que acusa de “desestabilizar sin pruebas” y, por supuesto, no dimite. Sale un alto cargo del partido para respaldar a su corrupto, perdón, a su compañero. Alaba su gestión y buen hacer político mientras dirige dardos envenenados contra el partido rival.

Siguen las investigaciones y parece que, efectivamente, el personaje en cuestión había metido la mano. Su partido apela a la presunción de inocencia. Mientras, intentan sacar trapos sucios del partido rival. Y casi siempre lo consiguen, porque el rival tiene tanto fango en casa como ellos. Comienza, con el tiempo, un juicio. Se llenan las portadas de los periódicos y todo se enfanga. Después de cinco o seis meses de cruce de fuego, declaraciones, acusaciones, etcétera, la gente se aburre y se olvida del corrupto, del partido, del dinero público –o sea, nuestro- que ha robado y de la madre que los parió a todos. Y el tipo en cuestión sigue ahí, agarrado a la silla de la que no se despega ni con agua caliente. 

Con suerte, es probable que pise la cárcel si se demuestra que es culpable. Pero ni perderá un céntimo y encima, si es listo, podrá incluso recurrir a la tele para llevarse un buen pico. Además, como se portará bien, no cumplirá ni la condena. Si no hay inhabilitación de por medio, el ladroncete en cuestión volverá a su sitio en la política. Después de casi tres párrafos, estamos como al principio pero con una diferencia: un tío se ha enriquecido a costa del resto.  En Alemania, por lo pronto, el ladrón ya ha dimitido de su cargo. Y como se demuestre que es culpable, se le puede caer el pelo. Allí robar al pueblo suele salir caro. ¡Qué envidia!

miércoles, 15 de febrero de 2012

Explotar virtudes; limitar defectos

Hay jugadores que siempre querría tener en mi equipo. Futbolistas que no pasarán a la historia de los grandes del balón. Nunca tendrán en sus vitrinas balones de oro ni coparán jamás las portadas de los periódicos. Pero a la hora de la verdad, cuando se sale al campo, se dejan todas sus limitaciones en el vestuario y tratan de hacer lo que mejor saben: ayudar a que su equipo gane.

Tenemos la inmensa suerte de contar aquí con uno de ellos. Me estoy refiriendo a Sebastián 'Papelito' Fernández. En este Málaga de las rutilantes estrellas, donde allá por septiembre brillaban con luz propia los Van Nistelrooy, Cazorla, Baptista o Demichelis, el pequeño delantero charrúa tenía toda la pinta de tragarse el banquillo. Y, sin embargo, tras la lesión de La Bestia fue cogiendo protagonismo y demostró en el césped que es perfectamente apto para este proyecto pese a no tener el nombre de otros.

Como decíamos, Seba no tiene la vitrina llena. Una liga uruguaya (en Defensor) y otra argentina (con Banfield) constituyen el palmarés del delantero de 26 años. Pero su aportación al Málaga está siendo digna de mención. En un equipo con jugadores que ostentan la vitola de estrellas, es él quien, junto al 'yerno perfecto' Toulalan, tira del carro a base de casta, garra, actitud y coraje. No es el más técnico, tampoco el mejor en el uno contra uno. Pero nunca, jamás, da un balón por perdido.

Y eso, en este Málaga a veces indolente, es digno de mención y agradecimiento. Él conoce como nadie sus defectos y en el campo los limita. También sabe cuáles son sus mejores virtudes y las explota al máximo. Pese a su baja estatura, tiene una buena estructura física que le permite disputar el balón con los defensas sobre todo a ras de suelo. Además, pese a no ser un '9' puro, ya lleva cuatro tantos en un equipo cuyo máximo artillero, Rondón, tiene cinco. Y todo habiéndose perdido buena parte del inicio de temporada por tener tanta gente delante.

Como decía al principio, estos jugadores son tan necesarios como los cracks si queremos que un equipo sume. Porque muchas veces, la calidad no basta por sí sola para definir partidos. Y es en esas ocasiones cuando los luchadores natos como Seba aparecen y pueden dar ese plus necesario para decantar un partido. No pasará a la historia dorada del fútbol como Messi o Cristiano Ronaldo. Pero seguro que dentro de unos años, cuando ya no esté, el malaguismo lo sigue recordando con cariño. Como a otros muchos guerreros del fútbol que pasaron por aquí y ya no se irán nunca de la memoria.

Lee el original en la web de 444gramos.

martes, 14 de febrero de 2012

Avance de la novela 'La ley de la sierra'

Avance de la novela 'La ley de la sierra', a la venta próximamente:

— ¡Cochero! ¡Cochero! ¿Se puede saber por qué demonios has
parado?

Daniel Muros empezaba a impacientarse. Llamó una tercera vez a su cochero, pero no obtuvo respuesta. El cielo lucía ya un color azul oscuro. Muy a lo lejos se veía el resplandor rojizo del atardecer, jalonado por las nubes grises que, casi en el horizonte, volvían a erguirse amenazadoras. Si no se daban prisa, era muy probable que se vieran alcanzados por más lluvias antes de llegar a Huétor-Tájar.

El comerciante temió que fuese la Guardia Civil. Sus miedos no eran infundados. Los agentes iban tras su pista como cerebro de un grupo de contrabandistas. Todavía no tenían pruebas contra él, pero si cometía el más mínimo error se vería implicado de lleno. Y sus rivales políticos no tardarían en echársele encima. Contrincantes que, por cierto, también tenían mucho que callar. Pero eso no importaba. Muros cayó entonces en la cuenta de que no había escuchado ninguna voz de alto. El granadino empezaba a estar verdaderamente preocupado.

Gritó a su cochero como un poseso, pero este seguía sin responder. Trató de asegurar la puerta de la cabina donde viajaba, pero le fue imposible porque una mano abrió antes de que pudiera hacerlo.

— Tenga usted buenas noches.
— ¿Qué quiere? –dijo Daniel Muros desafiante.
— Tranquilícese si quiere conservar el pellejo, amigo. Quiero dos cosas. Lo primero, su dinero si es tan amable.
— No tengo un real.
— En tal caso tendré que cobrarme de otra forma –espetó el extraño con serenidad, como resignado a tener que matarlo mientras sacaba un pistolón—. No sé, igual no se ha mirado bien en los bolsillos.
— Está bien. Aquí hay cien duros. Es todo lo que tengo.
— Tendré que conformarme, aunque no crea que me agrada la idea de cabalgar por cien asquerosos duros.
— Le juro que no tengo más. Y ahora márchese.
— No tan aprisa, amigo. Le dije que quería dos cosas. Ya tengo el dinero. Ahora quiero que me dé una explicación.
— ¿U… una explicación? –Muros estaba totalmente confundido.
— Usted es don Daniel Muros, ¿me equivoco?
— Sí, soy yo. ¿Qué pasa?
— Bien –el extraño esbozó una enigmática sonrisa— Usted es político y ejerce en la Diputación de Granada. ¿Verdad?
— Que sí, hombre. ¿Se puede saber qué quiere?

Fuera, el cielo ya se había quedado prácticamente oscuro. El camino estaba desierto y sólo unos cuantos mochuelos ululaban entre los olivares.

— Llevo tiempo siguiéndole. A usted y a sus contrabandistas de
poca monta.
— ¿Es usted un civil? Puedo explicarle…
— A mí sus trapicheos me importan bien poco –le interrumpió el hombre—. Estoy aquí para ajustarle una cuenta.
— ¿Cómo? –Muros no salía de su asombro—. ¿Qué dice? ¿Qué cuenta? ¿De qué me habla, por Dios?
— Verá. Hace unos cuantos meses usted aseguró ante toda la camarilla política que le acompaña, que ojalá me los eche yo a la cara algún día, que llevaría a Madrid la calavera de cierto ladrón conocido como el Bizco del Borge, ¿cierto?
— Sí –respondió el político, tratando de pensar a la vez en el motivo que había llevado a aquel tipo hasta su coche.
— Pues como quiera que yo soy esa persona a la que busca, he decidido facilitarle el trabajo. De ahí que haya venido hasta aquí para ver si puede usted, digamos, darme muerte y llevarse mi calavera. Ah, y no olvide tomarme una foto del cadáver, que también la prometió.

Daniel Muros palideció por completo. Lo que menos podía imaginar es que los comentarios que hacía en la esfera política llegaran a los oídos de aquel hombre. Y, por si fuera poco, se encontraba con que el ladrón al que buscaba para matar y dar lustre a su nombre ante la clase dirigente de medio país estaba a un metro de distancia, pero no en la situación que Daniel quisiera. En concreto, el bandido le había robado quinientas pesetas y le enseñaba un arma con cara de pocos amigos.

— ¡Será posible! ¡No te tengo miedo! ¡Cochero! ¡Cochero, ven ahora mismo y échalo de aquí! –trató de parecer vehemente, pero en uno de sus gritos se le fue la voz, haciendo un gallo que le dio un aspecto
lamentable a su orden.
— Bueno, verá. Su cochero le oye, ¿eh? Lo que pasa es que, cómo explicarle. Está indispuesto.
— ¿Qué le has hecho, desgraciado?
— Nada, Dios nos libre. El hombre está bien, pero no puede venir. Es que fuera hay otro par de amigos míos. Su cochero tiene el cañón de un Remington en la punta de la nariz. No se lo tome en cuenta.

Instantes después, el Bizco salía del carro y montaba en su caballo. Ordenó a Frasco Antonio y Vertedor que guardaran las armas y se fue hasta el cochero de Daniel Muros.

— Muchacho, anda para la casa. Y ligero, porque creo que el señor se ha desmayado.
— ¿Qué le ha hecho?
— Nada. Hoy estoy de buenas. Pero se ve que le ha impresionado verme tan de cerca. Dile que, antes de pregonar a nadie, calcule si tiene arrestos para enfrentarse cara a cara con él. Ah, y dile también que no denunciaré sus trapicheos a la Benemérita. Vaya a ser que me trinquen a mí para una vez que intento que se cumpla la ley.

viernes, 10 de febrero de 2012

Una cuestión de Estado


Vamos a ver, que me caliento. Es poner el vídeo ese de los guiñoles en Canal Plus Francia y se me llevan los demonios. Maldita sea la estampa de tanto gabacho. Claro, como no ganan ni a las canicas, no tienen otra que meterse con los nuestros porque somos mejores. Superiores. No lo admiten y tienen que alegar que hacemos trampa. Y luego sacan 40 medallas en los Juegos Olímpicos. ¿Todas limpias? No tienen rollo ni nada, los colegas.

Porque no me confundas, por Dios. Una cosa es que nosotros nos riamos de los franchutes cuando les damos en el hocico y otra muy distinta que ellos hagan esas acusaciones tan graves sobre mis deportistas favoritos. Que están poniendo en peligro el buen nombre de España en el mundo, y yo eso no se lo consiento.

Y que den gracias a que no me pilla en París, que si no las revueltas de los argelinos en 2005 se iban a quedar mamando con la que iba a liar. Menos mal que ahora este nuevo Gobierno que tenemos –estos sí que tienen un par de cojones- ha escrito a los vecinitos diciéndoles que oye tú, de qué carajo vas. A ver si todavía te voy a sacar los tanques por los Pirineos, anormal. ¿Y la forma de envainársela ellos? “Oh, pegdonen ustedes, queguidos vesinós espagnolés. Nosotgos admigamos a los drog… depogtistas de su país”. Se creían los payasos que iban a salir de rositas.

Hombre, ahora ya estoy más tranquilo. Claro que sí. El prestigio y la credibilidad de España han recuperado su buen estado, anterior a las mamarrachadas de los gabachos. Aunque me viene a la cabeza no sé qué de que operaron a unos pocos en un puerto, allá por 2006. Por lo visto sacaron sangre a mucha gente y los médicos se equivocaron. Pero de aquello ya no se acuerda nadie. Ah. Ahora que hago memoria, había un doctor muy simpático, de nombre raro… ¡Eufemiano! Buen tipo. Ahí está. Lo quisieron meter en la trena y al final está dando conferencias, el muchacho. Porque el que vale, vale. Y en España el talento siempre tiene sitio. Da igual la actividad a la que se dedique. 

Aunque es verdad que aún quedan cosillas por arreglar en mi país. El temilla de los cinco millones de parados, aquello otro de que los corruptos salgan a la calle de rositas mientras el juez es el único condenado por esa trama. Lo de los aeropuertos sin aviones, que también tiene su gracia. ¿Para qué querrán un aeropuerto si no lo van a usar? Bueno, tampoco me corresponde a mí pensarlo, que no soy político. Sus razones tendrán. Creo que también hay toda una flota de pesqueros en Andalucía amarrada en puerto, porque la UE se cargó el acuerdo de pesca con Marruecos y allí están. Pasando falta. O la falta de una estructura en condiciones que está dejando que los jóvenes mejor preparados de nuestra historia se vayan al extranjero a buscarse las lentejas mientras nuestro país se queda hecho un solar. Incluso, si se ponen, podrían decirle al Urdangarín que no meta más la mano. Que oye, un poco no pasa nada, pero la avaricia rompe el saco. Yo lo digo por él, que luego le quitan la teta y se tiene que pasar mal.

Pero bueno, todo eso no se ha podido empezar a mirar hasta ahora. Porque estábamos con una verdadera cuestión de Estado que nos preocupaba a todos. Ahora, por suerte, ya está arreglada. Todo lo demás seguirá igual, pero por lo menos los putos gabachos no harán más bromas con sus muñequitos.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Sanción injusta... y fallo de Demichelis

La gracia de Demichelis le va a costar dos partidos. Por si alguien -lo dudo, pero bueno- no lo recuerda, vamos a refrescar la memoria. Faltando nueve minutos para el final del partido, el argentino erró en un fuera de juego -fallo humano que suceden hasta en las mejores familias, no hay por qué condenarlo por ello- que costó el 2-1 del Granada. Lo grave es lo que viene a continuación. A la siguiente jugada, en terreno de juego del rival, hizo una entrada durísima con los tacos por delante y a la rodilla de Henrique que le costó la roja directa. Y, ahora, dos jornadas en la grada.

Bien, está claro que la sanción es excesiva. Una absoluta golfada y un insulto. Porque hemos visto jugadores -con otra camiseta, eso sí- que han hecho cosas peores y no hubo tal castigo. Así que no vamos a discutir ese aspecto. Se han colado con nuestro central, que una vez más paga para que el comité lave la imagen. Seguro que Pepe o Alves no recibirían sanción alguna. Ser valiente con un débil es muy fácil Y al menos de momento, el Málaga no ha alegado.

Pero me gustaría recalcar el importante fallo de Micho. Porque, seamos serios, Demichelis no es ningún niño. A sus 31 años, y con la trayectoria y palmarés de los que puede presumir, ya debería saber a lo que se exponía con su brutal acción. Una patada que no iba a ningún sitio y supuso el entierro de su equipo en ese partido.

Eso es lo que, desde mi punto de vista, cabe reprocharle al argentino. Que buscase una expulsión. Martín Demichelis es un defensa experimentado. Este caso no es el de Isco que, en una posición que no era la suya, tuvo que realizar una acción a la que no acostumbra y lo hizo escandalosamente mal. Su cara desencajada le delató al salir tras la bestial patada a Negredo... como también delató la suya a Micho, que vio la roja y se fue sin más. O sea, que sabía bien a lo que iba. Y a su edad, debería saber que actitudes como la que tuvo el lunes puede exponerlo a sanciones como la que, injustamente, acaba de recibir.

Y lo peor de todo este asunto es que el perjudicado, otra vez, es el Málaga. Que va a perder durante dos partidos a un jugador que llevaba disputados todos los minutos. No ayuda, desde luego, a mejorar la situación del equipo. Veremos quién lo sustituye el domingo.

Lee el original en www.444gramos.com