viernes, 3 de febrero de 2012

El regreso del ladrillismo

Que no, oigan. Que por lo visto en Medioambiente tampoco lo estábamos haciendo bien. Menos mal que, acompañando al tsunami de reformas con el que ha llegado, el nuevo gobierno del PP nos va a arrojar un poco de luz. El nuevo ministro, el señor Arias Cañete –cuya cartera lleva Medio Ambiente en el último apellido, y eso no es casualidad- va a cambiar las cosas con 66 propuestas que introducen un nuevo concepto: hacer que la conservación y protección de la naturaleza sea económicamente viable.

De entrada y sin anestesia suena bien, pero si uno afina el olfato encuentra cosas raras. Como, por ejemplo, cambiar la Ley de Costas para poder construir proyectos que no destruyan los recursos naturales. Y modificar también el apartado de los informes de impacto para “adecuarlos a la situación actual”. Esto, traducido al cristiano común y vulgar en el que nos entendemos los españoles, significa: como haya dinero en juego, al medio ambiente ya le pueden ir dando.

Si echamos la vista atrás, podemos ver a lo largo de toda la costa española –y del interior también, aunque tal vez algo menos- una serie de tropelías urbanísticas que han convertido lo que era una zona de alto valor natural en el paraíso del cemento. Y, por tanto, en un incordio para la vista. Basta darse una vuelta por La manga del Mar Menor (Murcia) y ver ese espigón masificado de edificios donde no pocas veces entra el agua. O Marbella y Benalmádena, con la sierra, antes verde y arbolada, convertida en un amasijo de calles pendientes y casas que en las primeras épocas tenían 200 metros cuadrados y ya por últimas parecían hechas de lego. 

Porque el espíritu es el mismo. El de aquella Ley del Suelo de 1998 que tantos beneficios nos trajo a largo plazo –y para muestra, el botón de la actual situación inmobiliaria-. Siguen creyendo que el error no fue suyo. Y mientras, los españoles seguiremos viendo cómo se destruye lo poco que queda ya de costa sin urbanizar. Después uno lo piensa y recuerda que, al cabo, esto lo votó la minoría mayoritaria de la población. Igual es cierto que cada quien tiene lo que merece. Aunque luego miremos otros países y nos dé envidia su acierto en algunas cosas.

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