Entre España y Alemania hay muchas diferencias. Algunas
insalvables, otras cada vez más atenuadas por esto que se llama globalización,
y que dicho en cristiano significa que todos nos volvemos clones de los estadounidenses. En fin,
ese es otro tema. Lo importante, como decía, es que hay ciertos aspectos en los
que no nos vamos a parecer nunca. Y, aunque nos pese –a unos más que a otros-
en cultura ciudadana nos llevan como un siglo de ventaja. Las cosas como son.
Porque no me digan a mí que no es bonito ver que un todo un
presidente alemán como Christian Wulff presente su dimisión tras verse envuelto en un escándalo de
corrupción. Es que se caen dos lagrimones como puños. Que ya es triste, porque
sólo el hecho de que un cargo público –al fin y al cabo pagado por el Estado y
a su servicio- se demuestre corrupto debería ser para llorar y no precisamente de emoción. Pero this
is Spain, amigos. Aquí tenemos el estómago hecho a base de ver cómo todos meten
la mano en la saca pública y se piran de rositas.
Así que esto desemboca en una sensación de envidia hacia el
'vecino' alemán. Que tienen peor clima y se ponen rojos cuando vienen a la playa,
pero al menos les queda algo de vergüenza. No hace falta ir muy lejos para
imaginar cómo habría sido el caso aquí. Político envuelto en caso de
corrupción. Lo niega. El partido opuesto, da igual cual sea, pide que se aparte
a la criatura en cuestión de su cargo. O incluso elecciones anticipadas, pero no por lo grave del caso, sino porque ven la oportunidad de moverle la silla. El
corrupto tira la piedra en dirección a los rivales políticos, a los que acusa
de “desestabilizar sin pruebas” y, por supuesto, no dimite. Sale un alto cargo
del partido para respaldar a su corrupto, perdón, a su compañero. Alaba su
gestión y buen hacer político mientras dirige dardos envenenados contra el
partido rival.
Siguen las investigaciones y parece que, efectivamente, el
personaje en cuestión había metido la mano. Su partido apela a la presunción de
inocencia. Mientras, intentan sacar trapos sucios del partido rival. Y casi
siempre lo consiguen, porque el rival tiene tanto fango en casa como ellos. Comienza, con el tiempo, un juicio. Se llenan las portadas
de los periódicos y todo se enfanga. Después de cinco o seis meses de cruce de
fuego, declaraciones, acusaciones, etcétera, la gente se aburre y se olvida del
corrupto, del partido, del dinero público –o sea, nuestro- que ha robado y de la madre que los parió a todos. Y el
tipo en cuestión sigue ahí, agarrado a la silla de la que no se despega ni con
agua caliente.
Con suerte, es probable que pise la cárcel si se demuestra que es culpable. Pero ni perderá
un céntimo y encima, si es listo, podrá incluso recurrir a la tele para
llevarse un buen pico. Además, como se portará bien, no cumplirá ni la
condena. Si no hay inhabilitación de por medio, el ladroncete en cuestión
volverá a su sitio en la política. Después de casi tres párrafos, estamos como
al principio pero con una diferencia: un tío se ha enriquecido a costa del
resto. En Alemania, por lo pronto, el
ladrón ya ha dimitido de su cargo. Y como se demuestre que es culpable, se le
puede caer el pelo. Allí robar al pueblo suele salir caro. ¡Qué envidia!
Verdades como puños! estoy contigo!
ResponderEliminarun saludo, Isidro.
Hola Víctor!
ResponderEliminarDa la casualidad que llevo dos años en Berlín y por tanto, dos años comparando ambos países en todos los sentidos. Tengo que decir que tu texto está muy bien relatado y que has dado absolutamente en el clavo.
Es cierto, aquí en Alemania existe mucha más conciencia cívica y cuando algo está mal hecho, está mal hecho y punto. Lo mejor que se puede hacer es admitirlo y buscar las mejores soluciones posibles para seguir adelante. Pero esta conciencia de la que te hablo no sólo es alemana, es más bien de los países del Norte. Si no, a la vista está qué tipo de políticos gobiernan en qué países y cómo les va.
La gran diferencia es que en España todo es mucho más SUBJETIVO, no existe objetividad, por ello que cuando hay un político corrupto el partido lo defiende a toda costa e intenta echar balones fueras. En España, cuando se acusa, nadie piensa en si se lleva razón o no, sino en contraatacar. Decir en España "lo siento, lo he hecho mal" no es valentía ni sinceridad, sino cobardía.
Sin embargo, en Alemania todo funciona de forma más objetiva y esto hace que haya un cierto equilibrio mental porque los alemanes se esfuerzan en ver las cosas desde fuera, de ahí la verdadera valentía de decirle a tu compañero de partido "oye, que lo has hecho mal" y tú, como corrupto, aceptarlo e irte porque te lo está pidiendo el pueblo. Eso se llama SENSATEZ.
Son dos formas de pensar totalmente distintas y tendrán que pasar muchos años para que ambas se equilibren.
En este caso, más bien pienso que por más años que pasen no se equilibrarán nunca. En otras cosas tienen mucho que envidiarnos, pero al menos en esto van mucho más avanzados que nosotros. Ojalá algún día eso cambie, pero lo veo demasiado enraizado en la cultura y forma de ser españolas.
EliminarUn saludo Desiree!
Muy acertado! ;)
ResponderEliminarVictor lo primero felicitarte por el blog, y respecto a este, no creo que haya mejor forma de describir la triste realidad de lo que ocurre en este pais, en el que el politico, en vez de hacer honor al nombre de su oficio, no piensa en hacer politica, y mucho menos en la mejor politica, sino en frotarse las manos pensando en la tajada que va a sacar en el tiempo que este ejerciendo. Y esto pasa desde el enchufe al primo de un cuñado para un puesto de jardinero en un ayuntamiento de un pueblo pequeñito, hasta cosas que no llegamos ni a imaginar.
ResponderEliminarAsi que como tu muy bien has dicho al inicio del blog: QUE ENVIDIA DE ALEMANIA!!