Apenas diez días de competición
le han bastado a Vincenzo Nibali para volver a levantar los brazos en una línea
de meta. Y esta victoria tiene su peso, porque en el pasado 2011 el italiano de
27 años no logró sumar ningún triunfo a su ilustre historial. Se habló mucho
sobre el rendimiento del ‘Scualo’. Lo cierto es que, mirando sus números, se
puede entender que bajó un peldaño –o dos- con respecto a 2010, temporada en la
que se hizo con la Vuelta a España –nunca sabremos qué habría pasado de no
caerse Antón camino a Peña Cabarga- y rozó también la victoria final en el Giro.
Sin embargo, en 2011 nos
encontramos con el Nibali más valiente y decidido. Capaz de jugársela a una
carta contra todos, aunque al final siempre acabó perdiendo. Por ejemplo, en la
etapa del Giro de Italia que acabó en Zoncolan. O el Giro de Lombardia en el
que atacó a 50 kilómetros del final y sólo el terreno llano y el fuerte viento
le impidieron llegar victorioso a la línea de meta. Fue, como decíamos, una
temporada plagada de buenos puestos en la que sólo le faltó rematar. Tercero en
el Giro de Italia –segundo ahora tras la descalificación de Contador-, en el
que rozó el triunfo en varias etapas. Quinto en la Tirreno-Adriatico. Top-10
también en la Vuelta a España.
Quizás fue precisamente ahí, en
la Vuelta, donde el italiano quedó por debajo de lo que de él se esperaba. Tras
los problemas de Igor Antón desde el principio, y con ‘Purito’ Rodríguez
flaqueando, Nibali estaba en la mejor posición para alzarse con el segundo
triunfo en Madrid. Pero le fallaron las fuerzas y la carrera se le hizo larga a
falta de una semana, cuando marchaba tercero y en posición de asaltar el
liderato. Asturias y Peña Cabarga fueron demasiado para él, que terminó séptimo
en la ronda española.
Ahora, tras hacer borrón y cuenta
nueva, regresa a la senda del triunfo. Tampoco es que ganar una etapa en el
Tour de Omán sea como para dar por hecha la temporada, pero sí sirve como
declaración de intenciones y balón de oxígeno de cara a los verdaderos
objetivos del año, empezando cómo no por el Tour de Francia. Esperemos que la
mejor versión del italiano esté de vuelta, si es que alguna vez llegó a irse.
Con 27 años, el de Messina está
entrando en la edad de madurez. Los años en los que el ciclista puede dar sus
máximas prestaciones. Una Vuelta a España, una etapa en el Giro, un Tour de San
Luis y un Giro de Trentino, junto con otras muchas victorias, pueden dar fe de
su calidad. Después de un añito en blanco, el tiburón empieza 2012 con ganas.
Veremos si lo refrenda en las grandes carreras.

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