jueves, 4 de octubre de 2012

La marca España



Almorzando en un bar –menú de 7 euros, que está la cosa cortita- escucho de fondo las noticias y a un político que no consigo ver porque la tele estaba de espaldas diciendo que las imágenes de las manifestaciones y enfrentamientos del 25-S dañaban “la marca España”. En una mesa de al lado, un tipo se exalta tela y se pone a hablarle al aparato. Tus muertos, dice. Los del político. Levanta el vaso de cerveza antes de dar un trago. “Ustedes, ustedes sí que dañáis. Ustedes”. Y sigue recitando por lo bajo. Acordándose de familias enteras.

Me quedo pensando un poco. Ahora resulta que tenemos que estar todos calladitos para respetar nuestra imagen como país. Esa que, nos dicen, tiene maravillado al mundo entero. Supongo. En honor a la marca, la delegada del Gobierno en Madrid Cristina Cifuentes quiere “modular” el derecho a la manifestación. Y cuando un político dice eso, se refiere a acabar con él. Exterminarlo porque molesta. Luego sale Mayor Oreja diciendo que eso de emitir imágenes de las manifas está mal. Porque oiga, se ve a gente que protesta y peleas con la policía. No deberían dejar que haya teles por allí cerca. La imagen del país, etcétera.

Lo que cabría preguntarse ahora es cuál es la marca España. Qué queda de ella. ¿Son las marcas que dejaron los golpes de las porras en el cuerpo de la gente? ¿La del país europeo con más políticos corruptos y menos dimitidos? ¿O hablamos quizás de un Estado que recibió miles de millones desde Europa y los destinó a obras faraónicas con desviaciones de billetes bajo cuerda? Esos aeropuertos vacíos, esos AVE con expropiaciones millonarias si se trataba de un colega y miserables si era desconocido. Cientos de kilómetros de autopista por donde no pasa nadie literalmente. Esa España a la cual Mitt Romney diagnosticó anoche mismo su problema: “el 42% de su dinero va para los gobernantes”. Y señaló que si nosotros vamos al norte, él saldrá corriendo como un poseso hacia el sur. Sin pensarlo.

¿Hablamos de la marca España en Andalucía, donde ocurrió el increíble milagro de que mil millones de euros se estafasen ellos solos, sin que nadie sepa nada? ¿O de ese oasis socialista contra la crisis que no iba a recortar nada de los servicios públicos? Porque, que yo sepa, quitar 700 euros al año, rebajar un 25% los contratos al personal sanitario -echando las mismas horas- y largar a profesores es hacer recortes. Por no hablar del ‘Palacio de Cristal’ de Valderas que todavía tiene más mugre que la axila de un simio, por no decir el sobaco de un mono.

¿En serio hay todavía una sola persona que crea que fuera, en Europa y en el resto del mundo, nos ven como un país serio? No, señores. Olvídense. Nos ven como un país que se tira a la calle cuando su selección gana la Eurocopa, porque es lo único de lo que puede presumir. Porque el ‘soy español, a qué quieres que te gane’ vale tanto para el deporte como para cualquier tipo de actividad turbia y corrupta donde somos los reyes. La marca España está tan muerta y enterrada que sólo sacar su nombre a pasear da vergüenza ajena. Y la culpa no la tiene la gente de a pie que aguanta estoicamente el chaparrón. A los que encima, quieren hacer creer que vivieron por encima de sus posibilidades cuando los bancos inflaban tasaciones para dar créditos más altos sabiendo que esto iba a ocurrir, además con cláusulas suelo para que las hipotecas suban con el tipo de interés, pero no bajen. Y ahora, mientras se culpa al currela de turno, los que de verdad nos metieron en esta van a salir a flote con nuestro dinero.

Alguien debería advertirle al tipo del bar que no puede ir hablándole así a las teles. Vaya a pasar cerca un alemán, piense que está loco y haga un daño irreparable a nuestra marca. Y entonces tendremos que escuchar a algún político diciendo gilipolleces para ‘salvarla’, en vez de que alguien nos salve a todos de esta casta que insulta a diario el honor del país.