lunes, 27 de febrero de 2012

Un espectáculo deslucido


Lo que se ha vivido en esta semana ciclista en Andalucía tardará unos años en repetirse. Un auténtico espectáculo para los aficionados a este hermoso y a la vez terrible deporte. No sólo por ver a varios de los mejores nombres del pelotón mundial aquí en nuestra tierra. Es que, además, nos encontramos con que todos esos ilustres han venido a competir y dar muestra de su calidad deportiva delante del público andaluz, que ha acompañado como siempre.

Pero vayamos paso a paso. Porque primero fue la Vuelta a Andalucía, que comenzó el domingo 19 y duró hasta el pasado jueves, día 23. En la carrera andaluza han alzado los brazos algunos de los referentes del ciclismo, además de producirse la agradable sorpresa de ver a un andaluz llegar vencedor de una etapa. E incluso un sprint entre andaluces que se disputaron el triunfo.

Patrick Gretsch se alzó con el primer jersey rojo de la prueba en San Fernando. Y, aunque durante más de 180 kilómetros lo tuvo perdido al día siguiente, camino de Benalmádena, finalmente el intento del pelotón por atrapar la escapada del día hizo que el alemán mantuviera el liderato. En la localidad costera vimos la lucha entre Javier Ramírez Abeja (Andalucía) y Luis Ángel Maté (Cofidis), con victoria para el primero, mientras a sus talones se desarrollaba un sprint inútil para el triunfo de etapa en el que Óscar Freire y el gaditano Juanjo Lobato mostraron sus cartas.

Martes, etapa reina. Camino del Santuario de Araceli (Lucena) y con salida en Málaga. Cuatro puertos y un perfil que no tiene mucho que envidiar a algunas etapas de la misma Vuelta a España. E incluso podría aspirar en convertirse en una de cara al año que viene. Pero para eso aún es pronto. La cuestión es que en esas rampas que llegan al 18%, con los 1.500 metros finales al 12-13%, Alejandro Valverde demostró haber vuelto en perfecto estado de conservación. A 1 kilómetro de meta lanzó un bestial ataque que dejó a todos sentados. Ojo a los que llegaron detrás: Denis Menchov (dos vueltas a España y un Giro), Rein Taaramae (top-10 en la Vuelta con sólo 24 añitos) y Franck Schleck (tercero en el último Tour). De lo mejorcito del ciclismo mundial. No muy lejos entraron Jerome Coppel, el campeón olímpico Samuel Sánchez, Dani Moreno o Haimar Zubeldia, entre otros.

Por si lo vivido fuera poco, el miércoles hubo etapa al sprint. Lo que, como viene siendo habitual, significa victoria de Freire, renacido en Katusha y que ya lleva dos este año. El jueves, traca final por tierras de Jaén con llegada en La Guardia y 10 kilómetros finales con un puerto de 3ª, bajada y otro encadenado de dos kilómetros al 9,5% de media. Allí, entre un grupo de favoritos de 20 corredores, Dani Moreno (ganador de varias etapas en la pasada Vuelta a España) se impuso en la meta con permiso de un pletórico Alejandro Valverde, que celebró su primera victoria en una carrera por etapas desde que volviera de su sanción. Tercero en La Guardia fue, otra vez, Samuel Sánchez. Podio de lujo con Valverde, Taaramae y Coppel, presente y futuro del ciclismo europeo y, por tanto, mundial.

Luego, el domingo, Clásica de Almería. Arreglado –al menos de momento- el problema con el equipo Andalucía, los de Antonio Cabello estuvieron en la línea de salida. Y dieron color a la carrera entrando, como siempre, en la fuga. Finalmente hubo sprint en un pelotón reducido que ganó otra fiera de las llegadas masivas: Michael Matthews, con Fran Ventoso en quinto lugar.

Una Vuelta a Andalucía con un trazado genial: una pequeña crono –tal vez falten cinco o seis kilómetros en esa etapa contra el reloj, dos días aptos para llegadas en grupo o fugas y otras dos etapas difíciles de controlar, cortas y con perfil escarpado. Además, un cartel de lujo en el que las figuras han respondido. Y, sin embargo, para alguien que no sea muy aficionado al ciclismo este espectáculo ha quedado silenciado. Pasa de puntillas a final de febrero y absolutamente nadie –salvo los que estuvimos en la carretera- recordará estos días de ciclismo de primerísimo nivel. ¿Por qué?

Sencillo. Por la falta de una televisión valiente que apueste por retransmitir estos dos eventos deportivos. No es suficiente con que la televisión pública, la de todos los andaluces, dé un resumen de 15 minutos. Y mucho menos a las 01:45 de la madrugada. Así es imposible que, con datos en la mano, se puedan argumentar buenos números de audiencias. Y aunque es cierto que no es barato dar una buena cobertura a estos seis días de ciclismo, en una televisión pública el esfuerzo es necesario. Porque con lo que cueste se puede ofrecer la señal por cierta cantidad de dinero y a buen seguro habrá más de un –y de diez- pinchazos. Los nombres que han estado en esta carrera tienen gancho por sí solos, y todo el mundo sabía que, ante la oportunidad, Valverde no se iba a estar quieto.

Estoy convencido de que muchos miles de personas podrían –y querrían- haber disfrutado de ese hachazo del murciano en Araceli, o los intentos de Taaramae por alcanzar a Dani Moreno, y de nuevo la reacción de Valverde en La Guardia. O con la pelea en la parte central de la Clásica de Almería. Pero no podrá ser. Aporta más una telenovela peruana que el deporte de nuestra región, aunque luego sí hubiera allí delegados provinciales para hacerse fotos. Por no hablar de la cobardía e incompetencia de emisoras como Radio Marca, cuyas cabezas pensantes prefirieron cortar la emisión de un programa en directo realizado con cariño, dedicación y mucha calidad –datos, entrevistas en la salida y llegada- por Kiko García y Fran Reyes para dejar a los oyentes –que los había- tirados a falta de 15 kilómetros para la meta de Benalmádena, con un malagueño y un sevillano peleándose la etapa, para poner el típico, manido y soporífero debate de fútbol. Que vale, si todavía se hablara de fútbol lo vería bien, pero no fue más que otra reiterativa comparación entre Mourinho, Guardiola, Cristiano Ronaldo, Messi, Real Madrid y Barcelona. Nada nuevo.

Otro año más, la fiesta del ciclismo andaluz vuelve a quedar deslucida ante la racanería de nuestras televisiones. No pido a las privadas que arriesguen dinero en esta situación, porque sé que no lo harán. Pero sí a la de todos, la pública, que tanto agota con culebrones, Juan y medio, toros y copla. Como elemento de servicio público –así se define en sus estatutos-, ofrecer una retransmisión deportiva de primer nivel como esta durante seis días al año debería ser obligatorio. En fin. Ojalá el año que viene…

viernes, 24 de febrero de 2012

Armarse desde atrás

Si algo quedó claro en el partido de San Mamés, es que el Málaga es un equipo que defensivamente deja mucho que desear. Toulalan, afectado por una gripe que lo tuvo en duda hasta última hora, no jugó a su nivel. Y, claro, el Athletic llegó cuatro veces al área y se coló hasta la cocina.

Empezaremos siendo honestos. El resultado fue injusto. Al menos por el fútbol visto en la primera parte, los de Pellegrini merecieron al menos el premio de irse por delante al descanso. El Ingeniero, creo, planteó muy bien el partido. De hecho, no he visto a ningún otro equipo -salvo los dos grandes, claro- crearle tantos problemas a los de Bielsa en su campo.

Pero en cuanto Amorebieta adelantó a los leones, el Málaga se diluyó otra vez. Como siempre. No hubo plan B. No hubo reacción. En apenas tres minutos, los blanquiazules tenían una losa imposible de levantar. Y menos con la actitud que se demostró en el campo en aquella última media hora.

El problema, como decía, está atrás. En una liga como esta, donde casi todos los equipos de la parte noble tienen pólvora arriba -Negredo y Manu el Sevilla, Llorente el Athletic, Soldado el Valencia y Falcao junto a Adrián el Atlético, por poner ejemplos- el Málaga parte con una desventaja. Y es que Rondón no está fino de cara al gol, y Ruud tampoco anda para muchos trotes. Por tanto, hasta que vuelva Baptista -que a ver cómo llega, porque esa es otra- nos falta mucho gol.

Ante casos como este, es vital no encajar. Armar bien el equipo atrás. Hay jugadores capaces de montar contragolpes como Cazorla, Isco o Recio. El Málaga llega con fluidez a los picos del área rival, pero ahí se apaga. Por tanto, si nos hacemos fuertes en defensa y evitamos la sangría de goles -si vemos los dos primeros tantos del Athletic, es para hincharse de llorar la falta de garra en el área propia- habremos dado un gran paso.

De hecho, el año pasado el Málaga salvó muchos puntos gracias a que, tras llegar Willy y Demichelis, y recuperar Weligton su nivel, se encajaron muchos menos tantos. Con el tiempo creció la confianza y el juego del equipo. El resto lo sabemos todos. Ahora, los jugadores necesitan quitarse esa eterna sensación de que, hagan lo que hagan, tarde o temprano llegará el gol rival que les quitará los puntos. Hay tiempo y Europa está muy cerca. Si el Málaga acaba con la sangría defensiva, los resultados llegarán. Es cuestión de tiempo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Nibali está de vuelta


Apenas diez días de competición le han bastado a Vincenzo Nibali para volver a levantar los brazos en una línea de meta. Y esta victoria tiene su peso, porque en el pasado 2011 el italiano de 27 años no logró sumar ningún triunfo a su ilustre historial. Se habló mucho sobre el rendimiento del ‘Scualo’. Lo cierto es que, mirando sus números, se puede entender que bajó un peldaño –o dos- con respecto a 2010, temporada en la que se hizo con la Vuelta a España –nunca sabremos qué habría pasado de no caerse Antón camino a Peña Cabarga- y rozó también la victoria final en el Giro.

Sin embargo, en 2011 nos encontramos con el Nibali más valiente y decidido. Capaz de jugársela a una carta contra todos, aunque al final siempre acabó perdiendo. Por ejemplo, en la etapa del Giro de Italia que acabó en Zoncolan. O el Giro de Lombardia en el que atacó a 50 kilómetros del final y sólo el terreno llano y el fuerte viento le impidieron llegar victorioso a la línea de meta. Fue, como decíamos, una temporada plagada de buenos puestos en la que sólo le faltó rematar. Tercero en el Giro de Italia –segundo ahora tras la descalificación de Contador-, en el que rozó el triunfo en varias etapas. Quinto en la Tirreno-Adriatico. Top-10 también en la Vuelta a España.

Quizás fue precisamente ahí, en la Vuelta, donde el italiano quedó por debajo de lo que de él se esperaba. Tras los problemas de Igor Antón desde el principio, y con ‘Purito’ Rodríguez flaqueando, Nibali estaba en la mejor posición para alzarse con el segundo triunfo en Madrid. Pero le fallaron las fuerzas y la carrera se le hizo larga a falta de una semana, cuando marchaba tercero y en posición de asaltar el liderato. Asturias y Peña Cabarga fueron demasiado para él, que terminó séptimo en la ronda española.

Ahora, tras hacer borrón y cuenta nueva, regresa a la senda del triunfo. Tampoco es que ganar una etapa en el Tour de Omán sea como para dar por hecha la temporada, pero sí sirve como declaración de intenciones y balón de oxígeno de cara a los verdaderos objetivos del año, empezando cómo no por el Tour de Francia. Esperemos que la mejor versión del italiano esté de vuelta, si es que alguna vez llegó a irse. 

Con 27 años, el de Messina está entrando en la edad de madurez. Los años en los que el ciclista puede dar sus máximas prestaciones. Una Vuelta a España, una etapa en el Giro, un Tour de San Luis y un Giro de Trentino, junto con otras muchas victorias, pueden dar fe de su calidad. Después de un añito en blanco, el tiburón empieza 2012 con ganas. Veremos si lo refrenda en las grandes carreras.

viernes, 17 de febrero de 2012

Envidia de Alemania


Entre España y Alemania hay muchas diferencias. Algunas insalvables, otras cada vez más atenuadas por esto que se llama globalización, y que dicho en cristiano significa que todos nos volvemos clones de los estadounidenses. En fin, ese es otro tema. Lo importante, como decía, es que hay ciertos aspectos en los que no nos vamos a parecer nunca. Y, aunque nos pese –a unos más que a otros- en cultura ciudadana nos llevan como un siglo de ventaja. Las cosas como son.

Porque no me digan a mí que no es bonito ver que un todo un presidente alemán como Christian Wulff presente su dimisión tras verse envuelto en un escándalo de corrupción. Es que se caen dos lagrimones como puños. Que ya es triste, porque sólo el hecho de que un cargo público –al fin y al cabo pagado por el Estado y a su servicio- se demuestre corrupto debería ser para llorar y no precisamente de emoción. Pero this is Spain, amigos. Aquí tenemos el estómago hecho a base de ver cómo todos meten la mano en la saca pública y se piran de rositas.

Así que esto desemboca en una sensación de envidia hacia el 'vecino' alemán. Que tienen peor clima y se ponen rojos cuando vienen a la playa, pero al menos les queda algo de vergüenza. No hace falta ir muy lejos para imaginar cómo habría sido el caso aquí. Político envuelto en caso de corrupción. Lo niega. El partido opuesto, da igual cual sea, pide que se aparte a la criatura en cuestión de su cargo. O incluso elecciones anticipadas, pero no por lo grave del caso, sino porque ven la oportunidad de moverle la silla. El corrupto tira la piedra en dirección a los rivales políticos, a los que acusa de “desestabilizar sin pruebas” y, por supuesto, no dimite. Sale un alto cargo del partido para respaldar a su corrupto, perdón, a su compañero. Alaba su gestión y buen hacer político mientras dirige dardos envenenados contra el partido rival.

Siguen las investigaciones y parece que, efectivamente, el personaje en cuestión había metido la mano. Su partido apela a la presunción de inocencia. Mientras, intentan sacar trapos sucios del partido rival. Y casi siempre lo consiguen, porque el rival tiene tanto fango en casa como ellos. Comienza, con el tiempo, un juicio. Se llenan las portadas de los periódicos y todo se enfanga. Después de cinco o seis meses de cruce de fuego, declaraciones, acusaciones, etcétera, la gente se aburre y se olvida del corrupto, del partido, del dinero público –o sea, nuestro- que ha robado y de la madre que los parió a todos. Y el tipo en cuestión sigue ahí, agarrado a la silla de la que no se despega ni con agua caliente. 

Con suerte, es probable que pise la cárcel si se demuestra que es culpable. Pero ni perderá un céntimo y encima, si es listo, podrá incluso recurrir a la tele para llevarse un buen pico. Además, como se portará bien, no cumplirá ni la condena. Si no hay inhabilitación de por medio, el ladroncete en cuestión volverá a su sitio en la política. Después de casi tres párrafos, estamos como al principio pero con una diferencia: un tío se ha enriquecido a costa del resto.  En Alemania, por lo pronto, el ladrón ya ha dimitido de su cargo. Y como se demuestre que es culpable, se le puede caer el pelo. Allí robar al pueblo suele salir caro. ¡Qué envidia!

miércoles, 15 de febrero de 2012

Explotar virtudes; limitar defectos

Hay jugadores que siempre querría tener en mi equipo. Futbolistas que no pasarán a la historia de los grandes del balón. Nunca tendrán en sus vitrinas balones de oro ni coparán jamás las portadas de los periódicos. Pero a la hora de la verdad, cuando se sale al campo, se dejan todas sus limitaciones en el vestuario y tratan de hacer lo que mejor saben: ayudar a que su equipo gane.

Tenemos la inmensa suerte de contar aquí con uno de ellos. Me estoy refiriendo a Sebastián 'Papelito' Fernández. En este Málaga de las rutilantes estrellas, donde allá por septiembre brillaban con luz propia los Van Nistelrooy, Cazorla, Baptista o Demichelis, el pequeño delantero charrúa tenía toda la pinta de tragarse el banquillo. Y, sin embargo, tras la lesión de La Bestia fue cogiendo protagonismo y demostró en el césped que es perfectamente apto para este proyecto pese a no tener el nombre de otros.

Como decíamos, Seba no tiene la vitrina llena. Una liga uruguaya (en Defensor) y otra argentina (con Banfield) constituyen el palmarés del delantero de 26 años. Pero su aportación al Málaga está siendo digna de mención. En un equipo con jugadores que ostentan la vitola de estrellas, es él quien, junto al 'yerno perfecto' Toulalan, tira del carro a base de casta, garra, actitud y coraje. No es el más técnico, tampoco el mejor en el uno contra uno. Pero nunca, jamás, da un balón por perdido.

Y eso, en este Málaga a veces indolente, es digno de mención y agradecimiento. Él conoce como nadie sus defectos y en el campo los limita. También sabe cuáles son sus mejores virtudes y las explota al máximo. Pese a su baja estatura, tiene una buena estructura física que le permite disputar el balón con los defensas sobre todo a ras de suelo. Además, pese a no ser un '9' puro, ya lleva cuatro tantos en un equipo cuyo máximo artillero, Rondón, tiene cinco. Y todo habiéndose perdido buena parte del inicio de temporada por tener tanta gente delante.

Como decía al principio, estos jugadores son tan necesarios como los cracks si queremos que un equipo sume. Porque muchas veces, la calidad no basta por sí sola para definir partidos. Y es en esas ocasiones cuando los luchadores natos como Seba aparecen y pueden dar ese plus necesario para decantar un partido. No pasará a la historia dorada del fútbol como Messi o Cristiano Ronaldo. Pero seguro que dentro de unos años, cuando ya no esté, el malaguismo lo sigue recordando con cariño. Como a otros muchos guerreros del fútbol que pasaron por aquí y ya no se irán nunca de la memoria.

Lee el original en la web de 444gramos.

martes, 14 de febrero de 2012

Avance de la novela 'La ley de la sierra'

Avance de la novela 'La ley de la sierra', a la venta próximamente:

— ¡Cochero! ¡Cochero! ¿Se puede saber por qué demonios has
parado?

Daniel Muros empezaba a impacientarse. Llamó una tercera vez a su cochero, pero no obtuvo respuesta. El cielo lucía ya un color azul oscuro. Muy a lo lejos se veía el resplandor rojizo del atardecer, jalonado por las nubes grises que, casi en el horizonte, volvían a erguirse amenazadoras. Si no se daban prisa, era muy probable que se vieran alcanzados por más lluvias antes de llegar a Huétor-Tájar.

El comerciante temió que fuese la Guardia Civil. Sus miedos no eran infundados. Los agentes iban tras su pista como cerebro de un grupo de contrabandistas. Todavía no tenían pruebas contra él, pero si cometía el más mínimo error se vería implicado de lleno. Y sus rivales políticos no tardarían en echársele encima. Contrincantes que, por cierto, también tenían mucho que callar. Pero eso no importaba. Muros cayó entonces en la cuenta de que no había escuchado ninguna voz de alto. El granadino empezaba a estar verdaderamente preocupado.

Gritó a su cochero como un poseso, pero este seguía sin responder. Trató de asegurar la puerta de la cabina donde viajaba, pero le fue imposible porque una mano abrió antes de que pudiera hacerlo.

— Tenga usted buenas noches.
— ¿Qué quiere? –dijo Daniel Muros desafiante.
— Tranquilícese si quiere conservar el pellejo, amigo. Quiero dos cosas. Lo primero, su dinero si es tan amable.
— No tengo un real.
— En tal caso tendré que cobrarme de otra forma –espetó el extraño con serenidad, como resignado a tener que matarlo mientras sacaba un pistolón—. No sé, igual no se ha mirado bien en los bolsillos.
— Está bien. Aquí hay cien duros. Es todo lo que tengo.
— Tendré que conformarme, aunque no crea que me agrada la idea de cabalgar por cien asquerosos duros.
— Le juro que no tengo más. Y ahora márchese.
— No tan aprisa, amigo. Le dije que quería dos cosas. Ya tengo el dinero. Ahora quiero que me dé una explicación.
— ¿U… una explicación? –Muros estaba totalmente confundido.
— Usted es don Daniel Muros, ¿me equivoco?
— Sí, soy yo. ¿Qué pasa?
— Bien –el extraño esbozó una enigmática sonrisa— Usted es político y ejerce en la Diputación de Granada. ¿Verdad?
— Que sí, hombre. ¿Se puede saber qué quiere?

Fuera, el cielo ya se había quedado prácticamente oscuro. El camino estaba desierto y sólo unos cuantos mochuelos ululaban entre los olivares.

— Llevo tiempo siguiéndole. A usted y a sus contrabandistas de
poca monta.
— ¿Es usted un civil? Puedo explicarle…
— A mí sus trapicheos me importan bien poco –le interrumpió el hombre—. Estoy aquí para ajustarle una cuenta.
— ¿Cómo? –Muros no salía de su asombro—. ¿Qué dice? ¿Qué cuenta? ¿De qué me habla, por Dios?
— Verá. Hace unos cuantos meses usted aseguró ante toda la camarilla política que le acompaña, que ojalá me los eche yo a la cara algún día, que llevaría a Madrid la calavera de cierto ladrón conocido como el Bizco del Borge, ¿cierto?
— Sí –respondió el político, tratando de pensar a la vez en el motivo que había llevado a aquel tipo hasta su coche.
— Pues como quiera que yo soy esa persona a la que busca, he decidido facilitarle el trabajo. De ahí que haya venido hasta aquí para ver si puede usted, digamos, darme muerte y llevarse mi calavera. Ah, y no olvide tomarme una foto del cadáver, que también la prometió.

Daniel Muros palideció por completo. Lo que menos podía imaginar es que los comentarios que hacía en la esfera política llegaran a los oídos de aquel hombre. Y, por si fuera poco, se encontraba con que el ladrón al que buscaba para matar y dar lustre a su nombre ante la clase dirigente de medio país estaba a un metro de distancia, pero no en la situación que Daniel quisiera. En concreto, el bandido le había robado quinientas pesetas y le enseñaba un arma con cara de pocos amigos.

— ¡Será posible! ¡No te tengo miedo! ¡Cochero! ¡Cochero, ven ahora mismo y échalo de aquí! –trató de parecer vehemente, pero en uno de sus gritos se le fue la voz, haciendo un gallo que le dio un aspecto
lamentable a su orden.
— Bueno, verá. Su cochero le oye, ¿eh? Lo que pasa es que, cómo explicarle. Está indispuesto.
— ¿Qué le has hecho, desgraciado?
— Nada, Dios nos libre. El hombre está bien, pero no puede venir. Es que fuera hay otro par de amigos míos. Su cochero tiene el cañón de un Remington en la punta de la nariz. No se lo tome en cuenta.

Instantes después, el Bizco salía del carro y montaba en su caballo. Ordenó a Frasco Antonio y Vertedor que guardaran las armas y se fue hasta el cochero de Daniel Muros.

— Muchacho, anda para la casa. Y ligero, porque creo que el señor se ha desmayado.
— ¿Qué le ha hecho?
— Nada. Hoy estoy de buenas. Pero se ve que le ha impresionado verme tan de cerca. Dile que, antes de pregonar a nadie, calcule si tiene arrestos para enfrentarse cara a cara con él. Ah, y dile también que no denunciaré sus trapicheos a la Benemérita. Vaya a ser que me trinquen a mí para una vez que intento que se cumpla la ley.

viernes, 10 de febrero de 2012

Una cuestión de Estado


Vamos a ver, que me caliento. Es poner el vídeo ese de los guiñoles en Canal Plus Francia y se me llevan los demonios. Maldita sea la estampa de tanto gabacho. Claro, como no ganan ni a las canicas, no tienen otra que meterse con los nuestros porque somos mejores. Superiores. No lo admiten y tienen que alegar que hacemos trampa. Y luego sacan 40 medallas en los Juegos Olímpicos. ¿Todas limpias? No tienen rollo ni nada, los colegas.

Porque no me confundas, por Dios. Una cosa es que nosotros nos riamos de los franchutes cuando les damos en el hocico y otra muy distinta que ellos hagan esas acusaciones tan graves sobre mis deportistas favoritos. Que están poniendo en peligro el buen nombre de España en el mundo, y yo eso no se lo consiento.

Y que den gracias a que no me pilla en París, que si no las revueltas de los argelinos en 2005 se iban a quedar mamando con la que iba a liar. Menos mal que ahora este nuevo Gobierno que tenemos –estos sí que tienen un par de cojones- ha escrito a los vecinitos diciéndoles que oye tú, de qué carajo vas. A ver si todavía te voy a sacar los tanques por los Pirineos, anormal. ¿Y la forma de envainársela ellos? “Oh, pegdonen ustedes, queguidos vesinós espagnolés. Nosotgos admigamos a los drog… depogtistas de su país”. Se creían los payasos que iban a salir de rositas.

Hombre, ahora ya estoy más tranquilo. Claro que sí. El prestigio y la credibilidad de España han recuperado su buen estado, anterior a las mamarrachadas de los gabachos. Aunque me viene a la cabeza no sé qué de que operaron a unos pocos en un puerto, allá por 2006. Por lo visto sacaron sangre a mucha gente y los médicos se equivocaron. Pero de aquello ya no se acuerda nadie. Ah. Ahora que hago memoria, había un doctor muy simpático, de nombre raro… ¡Eufemiano! Buen tipo. Ahí está. Lo quisieron meter en la trena y al final está dando conferencias, el muchacho. Porque el que vale, vale. Y en España el talento siempre tiene sitio. Da igual la actividad a la que se dedique. 

Aunque es verdad que aún quedan cosillas por arreglar en mi país. El temilla de los cinco millones de parados, aquello otro de que los corruptos salgan a la calle de rositas mientras el juez es el único condenado por esa trama. Lo de los aeropuertos sin aviones, que también tiene su gracia. ¿Para qué querrán un aeropuerto si no lo van a usar? Bueno, tampoco me corresponde a mí pensarlo, que no soy político. Sus razones tendrán. Creo que también hay toda una flota de pesqueros en Andalucía amarrada en puerto, porque la UE se cargó el acuerdo de pesca con Marruecos y allí están. Pasando falta. O la falta de una estructura en condiciones que está dejando que los jóvenes mejor preparados de nuestra historia se vayan al extranjero a buscarse las lentejas mientras nuestro país se queda hecho un solar. Incluso, si se ponen, podrían decirle al Urdangarín que no meta más la mano. Que oye, un poco no pasa nada, pero la avaricia rompe el saco. Yo lo digo por él, que luego le quitan la teta y se tiene que pasar mal.

Pero bueno, todo eso no se ha podido empezar a mirar hasta ahora. Porque estábamos con una verdadera cuestión de Estado que nos preocupaba a todos. Ahora, por suerte, ya está arreglada. Todo lo demás seguirá igual, pero por lo menos los putos gabachos no harán más bromas con sus muñequitos.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Sanción injusta... y fallo de Demichelis

La gracia de Demichelis le va a costar dos partidos. Por si alguien -lo dudo, pero bueno- no lo recuerda, vamos a refrescar la memoria. Faltando nueve minutos para el final del partido, el argentino erró en un fuera de juego -fallo humano que suceden hasta en las mejores familias, no hay por qué condenarlo por ello- que costó el 2-1 del Granada. Lo grave es lo que viene a continuación. A la siguiente jugada, en terreno de juego del rival, hizo una entrada durísima con los tacos por delante y a la rodilla de Henrique que le costó la roja directa. Y, ahora, dos jornadas en la grada.

Bien, está claro que la sanción es excesiva. Una absoluta golfada y un insulto. Porque hemos visto jugadores -con otra camiseta, eso sí- que han hecho cosas peores y no hubo tal castigo. Así que no vamos a discutir ese aspecto. Se han colado con nuestro central, que una vez más paga para que el comité lave la imagen. Seguro que Pepe o Alves no recibirían sanción alguna. Ser valiente con un débil es muy fácil Y al menos de momento, el Málaga no ha alegado.

Pero me gustaría recalcar el importante fallo de Micho. Porque, seamos serios, Demichelis no es ningún niño. A sus 31 años, y con la trayectoria y palmarés de los que puede presumir, ya debería saber a lo que se exponía con su brutal acción. Una patada que no iba a ningún sitio y supuso el entierro de su equipo en ese partido.

Eso es lo que, desde mi punto de vista, cabe reprocharle al argentino. Que buscase una expulsión. Martín Demichelis es un defensa experimentado. Este caso no es el de Isco que, en una posición que no era la suya, tuvo que realizar una acción a la que no acostumbra y lo hizo escandalosamente mal. Su cara desencajada le delató al salir tras la bestial patada a Negredo... como también delató la suya a Micho, que vio la roja y se fue sin más. O sea, que sabía bien a lo que iba. Y a su edad, debería saber que actitudes como la que tuvo el lunes puede exponerlo a sanciones como la que, injustamente, acaba de recibir.

Y lo peor de todo este asunto es que el perjudicado, otra vez, es el Málaga. Que va a perder durante dos partidos a un jugador que llevaba disputados todos los minutos. No ayuda, desde luego, a mejorar la situación del equipo. Veremos quién lo sustituye el domingo.

Lee el original en www.444gramos.com

viernes, 3 de febrero de 2012

El regreso del ladrillismo

Que no, oigan. Que por lo visto en Medioambiente tampoco lo estábamos haciendo bien. Menos mal que, acompañando al tsunami de reformas con el que ha llegado, el nuevo gobierno del PP nos va a arrojar un poco de luz. El nuevo ministro, el señor Arias Cañete –cuya cartera lleva Medio Ambiente en el último apellido, y eso no es casualidad- va a cambiar las cosas con 66 propuestas que introducen un nuevo concepto: hacer que la conservación y protección de la naturaleza sea económicamente viable.

De entrada y sin anestesia suena bien, pero si uno afina el olfato encuentra cosas raras. Como, por ejemplo, cambiar la Ley de Costas para poder construir proyectos que no destruyan los recursos naturales. Y modificar también el apartado de los informes de impacto para “adecuarlos a la situación actual”. Esto, traducido al cristiano común y vulgar en el que nos entendemos los españoles, significa: como haya dinero en juego, al medio ambiente ya le pueden ir dando.

Si echamos la vista atrás, podemos ver a lo largo de toda la costa española –y del interior también, aunque tal vez algo menos- una serie de tropelías urbanísticas que han convertido lo que era una zona de alto valor natural en el paraíso del cemento. Y, por tanto, en un incordio para la vista. Basta darse una vuelta por La manga del Mar Menor (Murcia) y ver ese espigón masificado de edificios donde no pocas veces entra el agua. O Marbella y Benalmádena, con la sierra, antes verde y arbolada, convertida en un amasijo de calles pendientes y casas que en las primeras épocas tenían 200 metros cuadrados y ya por últimas parecían hechas de lego. 

Porque el espíritu es el mismo. El de aquella Ley del Suelo de 1998 que tantos beneficios nos trajo a largo plazo –y para muestra, el botón de la actual situación inmobiliaria-. Siguen creyendo que el error no fue suyo. Y mientras, los españoles seguiremos viendo cómo se destruye lo poco que queda ya de costa sin urbanizar. Después uno lo piensa y recuerda que, al cabo, esto lo votó la minoría mayoritaria de la población. Igual es cierto que cada quien tiene lo que merece. Aunque luego miremos otros países y nos dé envidia su acierto en algunas cosas.

jueves, 2 de febrero de 2012

El cambio de actitud de Pellegrini

"¡Bravo, carajo!" Eso fue lo que dijo Manuel Pellegrini tras ganar su equipo, nuestro Málaga, al Sevilla en La Rosaleda. Un grito de liberación que supuso la confirmación de un cambio de actitud en el técnico chileno.

Era la primera vez que el Ingeniero estaba en una situación complicada. No límite, pero sí delicada. Y respondió, igual que los jugadores. Ante un rival directo y delante de su gente, el Málaga fue por fin un equipo con actitud. Que es lo mínimo que se pide. Salir a ganar y tener sangre en las venas. El técnico se levantaba, daba órdenes desde la banda, celebró goles y se enfadó con los fallos.

No fue, por fin, la eterna imagen de la cara de circunstancias en el banquillo, ni el hombre de hielo de pie en la zona técnica con las manos en los bolsillos del abrigo. Pellegrini demostró que, a veces, también es una persona normal. Que siente, padece y hasta se alegra. Aunque parezca una estupidez, este comportamiento se transmite a los jugadores en el césped. Y, como consecuencia, el equipo adquiere alma.

Y, cuando la calidad no da para ganar partidos -no porque no la haya, sino porque muchas veces no es suficiente- es precisamente eso, la garra y el carácter, lo que marca las diferencias. El domingo, el Málaga fue mejor que el Sevilla porque tuvo la actitud necesaria para, primero, salir con todo a ganar. Y después, pero más importante, sobreponerse a un error defensivo que costó un gol en contra. En lugar de bajar los brazos y dejarse invadir por las dudas, el equipo siguió confiando en sus capacidades y le salió bien con un tanto, de nuevo, de garra y coraje por parte de un Rondón que física y futbolísticamente aún no es el del año pasado, pero que inició la jugada de la victoria que remató otro guerrero: Seba Fernández. Pese a sus limitaciones, con tres como él este Málaga sería otra cosa.

En fin, si ese cambio de actitud de Pellegrini supone la reacción definitiva -que ahora habrá que confirmar ante el Granada- bienvenida sea. Porque todavía está a tiempo.

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