lunes, 27 de febrero de 2012

Un espectáculo deslucido


Lo que se ha vivido en esta semana ciclista en Andalucía tardará unos años en repetirse. Un auténtico espectáculo para los aficionados a este hermoso y a la vez terrible deporte. No sólo por ver a varios de los mejores nombres del pelotón mundial aquí en nuestra tierra. Es que, además, nos encontramos con que todos esos ilustres han venido a competir y dar muestra de su calidad deportiva delante del público andaluz, que ha acompañado como siempre.

Pero vayamos paso a paso. Porque primero fue la Vuelta a Andalucía, que comenzó el domingo 19 y duró hasta el pasado jueves, día 23. En la carrera andaluza han alzado los brazos algunos de los referentes del ciclismo, además de producirse la agradable sorpresa de ver a un andaluz llegar vencedor de una etapa. E incluso un sprint entre andaluces que se disputaron el triunfo.

Patrick Gretsch se alzó con el primer jersey rojo de la prueba en San Fernando. Y, aunque durante más de 180 kilómetros lo tuvo perdido al día siguiente, camino de Benalmádena, finalmente el intento del pelotón por atrapar la escapada del día hizo que el alemán mantuviera el liderato. En la localidad costera vimos la lucha entre Javier Ramírez Abeja (Andalucía) y Luis Ángel Maté (Cofidis), con victoria para el primero, mientras a sus talones se desarrollaba un sprint inútil para el triunfo de etapa en el que Óscar Freire y el gaditano Juanjo Lobato mostraron sus cartas.

Martes, etapa reina. Camino del Santuario de Araceli (Lucena) y con salida en Málaga. Cuatro puertos y un perfil que no tiene mucho que envidiar a algunas etapas de la misma Vuelta a España. E incluso podría aspirar en convertirse en una de cara al año que viene. Pero para eso aún es pronto. La cuestión es que en esas rampas que llegan al 18%, con los 1.500 metros finales al 12-13%, Alejandro Valverde demostró haber vuelto en perfecto estado de conservación. A 1 kilómetro de meta lanzó un bestial ataque que dejó a todos sentados. Ojo a los que llegaron detrás: Denis Menchov (dos vueltas a España y un Giro), Rein Taaramae (top-10 en la Vuelta con sólo 24 añitos) y Franck Schleck (tercero en el último Tour). De lo mejorcito del ciclismo mundial. No muy lejos entraron Jerome Coppel, el campeón olímpico Samuel Sánchez, Dani Moreno o Haimar Zubeldia, entre otros.

Por si lo vivido fuera poco, el miércoles hubo etapa al sprint. Lo que, como viene siendo habitual, significa victoria de Freire, renacido en Katusha y que ya lleva dos este año. El jueves, traca final por tierras de Jaén con llegada en La Guardia y 10 kilómetros finales con un puerto de 3ª, bajada y otro encadenado de dos kilómetros al 9,5% de media. Allí, entre un grupo de favoritos de 20 corredores, Dani Moreno (ganador de varias etapas en la pasada Vuelta a España) se impuso en la meta con permiso de un pletórico Alejandro Valverde, que celebró su primera victoria en una carrera por etapas desde que volviera de su sanción. Tercero en La Guardia fue, otra vez, Samuel Sánchez. Podio de lujo con Valverde, Taaramae y Coppel, presente y futuro del ciclismo europeo y, por tanto, mundial.

Luego, el domingo, Clásica de Almería. Arreglado –al menos de momento- el problema con el equipo Andalucía, los de Antonio Cabello estuvieron en la línea de salida. Y dieron color a la carrera entrando, como siempre, en la fuga. Finalmente hubo sprint en un pelotón reducido que ganó otra fiera de las llegadas masivas: Michael Matthews, con Fran Ventoso en quinto lugar.

Una Vuelta a Andalucía con un trazado genial: una pequeña crono –tal vez falten cinco o seis kilómetros en esa etapa contra el reloj, dos días aptos para llegadas en grupo o fugas y otras dos etapas difíciles de controlar, cortas y con perfil escarpado. Además, un cartel de lujo en el que las figuras han respondido. Y, sin embargo, para alguien que no sea muy aficionado al ciclismo este espectáculo ha quedado silenciado. Pasa de puntillas a final de febrero y absolutamente nadie –salvo los que estuvimos en la carretera- recordará estos días de ciclismo de primerísimo nivel. ¿Por qué?

Sencillo. Por la falta de una televisión valiente que apueste por retransmitir estos dos eventos deportivos. No es suficiente con que la televisión pública, la de todos los andaluces, dé un resumen de 15 minutos. Y mucho menos a las 01:45 de la madrugada. Así es imposible que, con datos en la mano, se puedan argumentar buenos números de audiencias. Y aunque es cierto que no es barato dar una buena cobertura a estos seis días de ciclismo, en una televisión pública el esfuerzo es necesario. Porque con lo que cueste se puede ofrecer la señal por cierta cantidad de dinero y a buen seguro habrá más de un –y de diez- pinchazos. Los nombres que han estado en esta carrera tienen gancho por sí solos, y todo el mundo sabía que, ante la oportunidad, Valverde no se iba a estar quieto.

Estoy convencido de que muchos miles de personas podrían –y querrían- haber disfrutado de ese hachazo del murciano en Araceli, o los intentos de Taaramae por alcanzar a Dani Moreno, y de nuevo la reacción de Valverde en La Guardia. O con la pelea en la parte central de la Clásica de Almería. Pero no podrá ser. Aporta más una telenovela peruana que el deporte de nuestra región, aunque luego sí hubiera allí delegados provinciales para hacerse fotos. Por no hablar de la cobardía e incompetencia de emisoras como Radio Marca, cuyas cabezas pensantes prefirieron cortar la emisión de un programa en directo realizado con cariño, dedicación y mucha calidad –datos, entrevistas en la salida y llegada- por Kiko García y Fran Reyes para dejar a los oyentes –que los había- tirados a falta de 15 kilómetros para la meta de Benalmádena, con un malagueño y un sevillano peleándose la etapa, para poner el típico, manido y soporífero debate de fútbol. Que vale, si todavía se hablara de fútbol lo vería bien, pero no fue más que otra reiterativa comparación entre Mourinho, Guardiola, Cristiano Ronaldo, Messi, Real Madrid y Barcelona. Nada nuevo.

Otro año más, la fiesta del ciclismo andaluz vuelve a quedar deslucida ante la racanería de nuestras televisiones. No pido a las privadas que arriesguen dinero en esta situación, porque sé que no lo harán. Pero sí a la de todos, la pública, que tanto agota con culebrones, Juan y medio, toros y copla. Como elemento de servicio público –así se define en sus estatutos-, ofrecer una retransmisión deportiva de primer nivel como esta durante seis días al año debería ser obligatorio. En fin. Ojalá el año que viene…

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